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FILOIDEAS

~ Mis opiniones, ideas y cuentos escritos en Israel

FILOIDEAS

Publicaciones de la categoría: Cuentos Breves

SUJETO TÁCITO

16 jueves Jul 2015

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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amigos, amor, dolor, drama, duda, invisible, mate, mundo, soledad, sujeto, sujeto tácito, tácito, ventana, yerba

    Mi marido afirma que la mayoría de mis cuentos empiezan siempre con un sujeto tácito y, quizá por rebeldía o por romper la monotonía (que no la paciencia) he decidido variar y empezar mi historia con un sujeto definido al que le pondré nombre. Sin embargo, quizá por capricho o burla a mí misma, he decidido que mi personaje se llame Tácito.

    Tácito no era invisible, pero lo parecía, pasaba por la vida de los demás de una manera tan poco notoria que muchos hubieran sido capaces de asegurar que Tácito no existía y hasta que eran los padres. Pero no era cierto, era tan de carne y hueso como usted o como yo. Medía 1,70 metros, pesaba 75 kilos, rubio, con algunas canas tempranas teniendo en cuenta sus 32 años. Graduado como ingeniero agropecuario y sin haber ejercido nunca su profesión, Tácito se sentía fracasado. Era soltero, porque ninguna mujer notaba su existencia. No tenía amigos, vivía completamente solo y a veces dudaba de sí mismo y de que valiera la pena seguir viviendo. Pero seguía adelante, imbuido en un mundo de fantasías que él mismo se había inventado y que día a día iba creciendo de tal forma que llegó a creerlo más real que su propia vida.

    En ocasiones, la luz del amanecer puede parecernos implacable, a Tácito le pasaba casi siempre y se despertaba muy lentamente, con pesadez, como si no tuviera más remedio. El lunes 25 de abril del 2005 no fue una excepción. Se sentó a tomar mate al lado de la ventana, preguntándose una vez más para qué seguía vivo y aferrándose como tantas otras veces a su mundo imaginario mientras miraba fijamente la espuma de la yerba. No podría explicar cómo, y él tampoco, Tácito apareció adentro del mate que resultó ser el mundo que tantas veces imaginó. Allí no pasaba desapercibido, todos lo saludaban con cariño e insistían en que los visitaran en sus casas. Las muchachas más hermosas se desvivían por llamar su atención y lograr su admiración. Al principio estaba fascinado, emocionado y hasta feliz. Pero poco a poco él mismo se fue aislando, sentía que no era él. Y un día, mientras tomaba mate al lado de la ventana, apareció en su casa tomando mate al lado de la ventana.

© Todos los derechos reservados.-

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LA COCINERA ELEGANTE

27 sábado Jun 2015

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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cocina, cocinera, delantal, elegancia, elegante, envidia, gorro, pueblo, restaurante, sombrero, tumba

En el pueblo la actividad más valorada y clásica era cocinar. Casi todas las mujeres del pueblo eran buenas cocineras y Eustaquia no era la excepción. No había receta que se le resisitiera, las seguía con todo cuidado y sin saltearse un paso ni equivocarse en nada. Sin embargo no destacaba sobre otras por su cocina, pues era incapaz de combinar sabores por su cuenta, de investigar y descubrir nuevos platos. A pesar de ello, era famosa, lo cual generaba la envidia de muchas creativas. El motivo de su fama, como es de esperar, no era su arte culinario, sino su elegancia. Movimientos suaves, delicados y muy estudiados acompañaban su accionar, su delantal era de diseño, siempre limpio y pulcro por más grasosos que fueran los ingredientes utilizados o que tuviera que freir. Hay quienes sospechaban que aprovechaba cualquier descuido de quien estuviera observándola para cambiarse el delantal manchado con alguna gota de aceite por otro recién lavado, pues si uno se acercaba podía sentir el olor a jabón en polvo que emanaba dicha prenda. Su gorro de cocina también era de diseño, con detalles y terminaciones nunca vistos antes, pero muy delicados. Siempre vestía tacones y medias de nylon, iba bien maquillada y cuando terminaba de cocinar y se sacaba el gorro, era posible apreciar un peinado de peluquería que no se había alterado en lo más mínimo. Muchas intentaron imitarla, pero jamás consiguieron estar a su nivel de elegancia, que se notaba hasta en su forma de caminar y ladear su cabeza. El día que murió muchas respiraron aliviadas, porque los dueños de los restaurantes habían tomado la costumbre de exigir a sus cocineras que fueran tan elegantes como ella y estaban muy presionadas. No cosechó muchas amistades y en su tumba la única placa que hay reza: AQUÍ YACE LA COCINERA ELEGANTE. La frase está acompañada por un grabado que copia el modelo de su delantal favorito y uno de sus gorros. Aún hoy en día se habla de ella como una curiosidad, sin poder recordar cuál fuera el mejor plato que preparara.

Sushi.-

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EL DUEÑO

26 viernes Jun 2015

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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cocinero, dueño, furia, gritos, mujer, nervios, teléfono

 El jueves el cocinero faltó sin avisar. El dueño estaba furioso, llamó a su casa y pidió hablar urgentemente con él:

-No sé de qué me habla señor, no le entiendo nada, serénese ¿Quién habla?

-¡Quiero hablar con su marido, deme con su marido!

-Soy soltera señor ¿Quién habla?

-¡¡Con su concubino entonces!!- su cólera iba en aumento.

-¡Oiga! ¿Por quién me tomó usted? Yo vivo sola ¿Quién habla?

-¡¡¡El señor Funes, quiero hablar con el señor Funes!!!

-¡Ah! Hubiera empezado por ahí, hombre ¿Quién habla?

-¡¡¡Su jefe, su jefe habla!!! ¡¡¡Páseme con él!!!

-¡Le dije que se tranquilizara y para que sepa, yo no tengo jefe!

-¡¡¡No!!! ¡¡¡Usted no entiende!!! ¡¡Yo soy el jefe del señor Funes!!

-Así me gusta, que se calme. Hubiera empezado por ahí, hombre ¿Por qué lo llama?

-¡Porque deseo hablar con él!- se fue calmando sin dejar de lado su bronca.

-¿Y para qué lo llama acá?

-¡¡Para hablar con él!! ¡¡ ¿No le dije?!!- se volvió a enfervorizar.

-Sí. Lo que no entiendo es por qué si quiere hablar con él lo llama acá teniéndolo al lado.

-No, es que…-titubeó el dueño mientras cortaba.- ¡¡¡¡¡¡Funeeeeeesss!!!!!!

-Señor, no hace falta que grite, lo oigo perfectamente ¿Me buscaba?

Y el dueño lloró.

Cuadro al óleo de Gabriel P. Sasson

Cuadro al óleo de Gabriel P. Sasson.

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CEREBRO ESTEREOFÓNICO

24 miércoles Jun 2015

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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asombro, cerebro, escuela, estereofónico, estereofonía, familia, números, neurólogos, paciencia, periodismo, periodistas, tratado

     Enrique Palomo Argüeyes se sentía confundido. No entendía por qué, algo que para él era perfectamente normal había causado tal revuelo. Pensaba en ello mientras escribía un cuento en la computadora, su mujer le planteaba un problema familiar que necesitaba urgente solución, su hijo menor le contaba un problema de la escuela que lo tenía muy triste y su hija mayor le entregaba su celular con una llamada de su jefe. Él escuchó a cada uno a una vez, entendió perfectamente lo que cada uno le planteaba y respondió con eficacia, claridad y sencillez a cada uno. Esta situación era común en su vida y para su familia era lógico que el padre de familia tuviera esa característica, como era comprensible la capacidad de la madre de retener los números de documentos de cada uno, saberse de memoria todos los números telefónicos de su celular, los numeros de las cuentas bancarias del marido, la suya y la que tenían en común, así como los números telefónicos de cada uno de los compañeros de escuela de sus hijos. Sin embargo en la escuela de los niños ya habían notado esa peculiaridad, así como en su trabajo y eso había trascendido de tal forma que la prensa de todo el país se agolpó a entrevistarle. El interés despertado era tal, que los reporteros se atropellaban entre ellos para preguntar a semejante fenómeno. Unos se pisaban a otros en las preguntas, sin embargo nadie se quedaba sin una respuesta clara y concisa. El director de la universidad de medicina que estaba mirando el noticiero se interesó tanto que convocó a los mejores neurólogos del país para ver si alguno tenía alguna idea de cómo era posible semejante cosa. Todos coincidieron en que para ellos también era sorprendente y que no había ningún antecedente en la historía de la neurología de algún caso similar. Entre todos acordaron cuáles eran los exámenes convenientes para llegar a una conclusión y llamaron por teléfono a Enrique que en ese momento estaba leyendo un artículo mientras escuchaba la entrevista que le habían hecho, hablaba con su madre por el otro teléfono y atendía a una vecina que venía a contarle lo que había pasado en la reunión de consorcio a la que él y su esposa no habían podido asistir. Aunque asombrado por la propuesta, Argüeyes aceptó: -si les hace ilusión…- les dijo. Todos los medios informativos estaban enterados y pendientes de la respuesta de los médicos. Luego de tantos exámenes llegaron a una conclusión que asombraría a todos: El señor Enrique Palomo Argüeyes tenía un cerebro estereofónico. Nunca habían visto algo semejante y este sólo caso bastó para todo un tratado neurológico sobre el tema. Don Enrique se hizo famoso por algo que aún, hoy en día, el no entiende por qué.

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MOMENTO DE DECISIÓN

22 lunes Jun 2015

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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amar, amigos, amor, camino, decisión, dolor, hija, hijo, hijos, irse, madre, mamá, país, pertir, viajar, viaje

 Cuando recuerdo nuestro último encuentro me entra un temblor por todo el cuerpo. Yo lo conocía de todas formas y colores y estaba convencida de que no había nada nuevo que pudiera mostrarme. Sin embargo esa vez me sorprendió, desde que lo vi de lejos, llegando tarde como de costumbre, supe que no era el de siempre. Su forma de sentarse y mirarme era distinta también. Antes de que empezara a hablar noté que algo no andaba bien. Fue lanzando cada una de sus palabras de a poco y a medida que lo hacía sentía que el piso se movía y todo parecía ablandarse hasta desaparecer a mí alrededor. De pronto me volví sorda, no podía ni quería seguir escuchando. Estaba convencida de la razón de su discurso y no tenía dudas de que esa era la mejor solución. Prorrumpí a llorar amargamente, el pecho comenzó a sentirse vacío y la gente que nos rodeaba se me antojaba culpable del motivo de mi dolor. El café que nos tomamos parecía infinito, creí que sería incapaz de llegar al final y sin embargo lo hice, aunque como media hora después de su abrazo y de su ida. Nunca antes me había abrazado con tanta fuerza, y él también lloró…

    -¿Y si te venís vos también, ma?- Aún resuena en mi oído su pregunta. Irme…, dejar atrás todo…, los recuerdos, mis otros dos hijos, mis nietos, vender el negocio, la casa… Dejarlo ir…, irme… Me sentía entre la espada y la pared, mi nene, el más pequeño, dejarlo ir… Me sentía una traidora, pero irme era traicionar a los mayores, a mis nietos, mis aromas, mis sabores, mi idioma…

    La charla con mi segundo hijo hizo que volvieran los mismos sentimientos que la otra vez, y también desmembrada. Poco a poco me iban partiendo en pedazos. Tres de mis nietos, mi hijo del medio y un país diferente al de su hermano. El mismo planteo y el mismo dolor…

    Cuando la mayor vino con la noticia, creí que se me iba el alma, la vida. De pronto sentí que no había lugar en el mundo para mí y a la vez tenía cuatro lugares que eran míos, tan míos como de nadie más. Ya estaba convencida que no me quedaba dolor por sufrir…

    Llega un momento en la vida en que la necesidad de tomar decisiones nos acorrala. Quizá fuera la hora de partir también para mí, pero adónde… Finalmente hice las valijas sin mirar atrás, buscando un país neutral cerca de todos y lejos del mío, tan lejos…

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LA MÁQUINA DE FABRICAR GUAPOS

04 jueves Jun 2015

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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Argentina, belleza, Buenos Aires, cuento breve, España, farol, fealdad, gallego, Guapo, invención, invento, Madrid, Máquina, Nostalgia, tango

  Dedicado a mis amigos «gallegos» con todo mi cariño.

LA MÁQUINA DE FABRICAR GUAPOS

     En Argentina y en España, la palabra guapo remite a dos ideas muy distintas, pero no necesariamente opuestas. En el primer caso, al escuchar dicha palabra, no es raro pensar en los primeros años del siglo XX, un hombre con pañuelo al cuello, apoyado en un farol, limpiándose las uñas con la punta de un facón y cantando un tango mientras llora por una madre a la que ha hecho sufrir e insulta a la amada que tuvo la mala idea de abandonarlo. En el segundo, en cambio, hace pensar en alguien lindo, agradable a la vista.

     Don Gervasio era un madrileño que había emigrado hacía muchos años a Buenos Aires. Llegó sólo, con una valija llena de proyectos empezados y a medias, muy poco dinero y su documentación en regla. Para sobrevivir hasta lograr ahorrar unos pesos, hizo de todo. Trabajó de barrendero para la ciudad, fue cadete en un banco, vigilante en las plazas y hasta vendió choripanes en plaza Miserere. Siempre con los permisos correspondientes, que don Gervasio había aprendido a ser siempre muy honesto. El don se lo pusieron en Buenos Aires, porque su afán por cumplir sus objetivos generaba mucho respeto en quienes lo conocían. Los que entraban en confianza, en broma y con cariño, le decían el gallego. Al principio él los corregía, luego aceptó su mote hasta con distinción y buen humor.

     En una ocasión, leyendo una revista científica (don Gervasio era un hombre muy instruido), se le ocurrió que podía combinar la tecnología y la ciencia, de tal manera que pudiera acabar con el complejo de muchos sin pasar por la cirugía y de devolver un poco el pasado a los nostálgicos. Muchas noches dejó de lado el sueño en pos de proyectar, investigar y mejorar su invento. El problema llegó a la hora de probarlo. Él era el único que sabía usarlo y por ende no lo podía probar en si mismo. Explicar a otro antes de patentarlo era arriesgarse a que se lo robaran y no quería sacar la patente hasta haber comprobado que funcionaba. Durante muchos días estuvo cabizbajo pensando en eso, paseando por plaza Dorrego y sentándose en un banco cada tanto con semblante pensativo y triste. Hasta que una vez se sentó a su lado el hombre más feo que había visto en su vida y con la mirada más perdida y angustiada que había presenciado nunca. El hombre lo miró, y sintió inmediatamente que don Gervasio podía ser un buen interlocutor. Le contó su soledad, su pobreza y cuánto añoraba su juventud perdida.  Y de repente, frente a ellos, se abrió una ventana llena de luz para ambos.

     Lo primero que hizo al llegar a su laboratorio don Gervasio, fue darle algo de comer a aquel famélico hombre y contarle su propuesta. El viejo indigente no tenía nada que perder y sí mucho que ganar si el invento daba resultado. Firmó un documento que decía que él aceptaba ser objeto del experimento y que se hacía responsable de cualquier consecuencia nefasta que pudiera desprenderse del tal. Porque si algo tenía aquel pobre hombre en su haber, era una gran cultura y no dejaba de reconocer el gran avance para la humanidad que podía llegar a resultar si la máquina funcionaba adecuadamente.

     Don Gervasio había amueblado el interior del aparato con un cómodo sillón, para que quien se introdujera pudiera sentirse relajado. Junto al mismo había una mesita ratona pequeña y redonda, en la cual había un sándwich a gusto del consumidor y un vaso de jugo a elección. También sonaba música que había seleccionado el candidato mientras frente a él pasaban imágenes agradables y sedantes.

     Luego de explicarle al sujeto que nada debía hacer más que disfrutar, don Gervasio cerró la puerta, se dirigió a la consola y puso en funcionamiento el mecanismo. Las luces y sonidos hacían recordar a las películas de ciencia ficción de los años 70´s, algo muy adecuado para la idea de nostalgia que era parte del concepto.

     Pasaron treinta y ocho minutos exactos, cuando la máquina apagó sus luces y se silenció de repente. La puerta se abrió despacito, demasiado lentamente para la ansiedad que tenía don Gervasio, cuya inquietud lo hizo asomarse y espiar antes de que terminara de abrirse del todo. Nunca creyó que fuera capaz de pegar un grito tan alto y  agudo. Casi se desmaya de la impresión, tanto que tuvo que correr a darle un espejo a aquel hombre que se asustó, pensando que había quedado peor a pesar de parecer imposible.

     La máquina le había otorgado una belleza que nunca había tenido, parecía otra persona, sin embargo se reconocía en su mirada. Le había quitado como treinta años de encima, le había dado buen porte y un andar canyengue y erguido. Intentó cantar, su voz algo rasposa sólo podía articular letras de tangos y además lo hacía muy bien. Sintió una necesidad imperiosa de buscar un farol y despidiéndose y agradeciendo  mientras se sacaba el sombrero educadamente, se retiró caminando lenta y cavilosamente.

     Don Gervasio se sentó, él había inventado una máquina prodigiosa, y él mismo no podía creer lo que habían visto sus ojos. Antes de que el nuevo guapo del novecientos se retirara, lo revisó concienzudamente. Ni una marca, ni una cicatriz, nada. Aquel hombre prometió volver en un mes para ver si había habido algún cambio. Cumplió, después de todo, le había sido regalada gratuitamente una vida nueva. Era lo menos que podía hacer para agradecer el favor. Contó que ya estaba sano de todas sus dolencias, que nunca se había sentido mejor en su vida y que se ganaba el sustento cantando tango en los bares y fiestas con muchísimo éxito.

     Juntos fueron a patentar la máquina de fabricar guapos. Don Gervasio puso una academia para enseñar a diseñar y utilizar la máquina y comparte las ganancias con su primer valiente, un verdadero guapo en todos los sentidos.

DSC_0790

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DELIRIO ASENTADO

10 domingo May 2015

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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camino, canción, delirio, imaginación, objetos, silla, Silvio Rodriguez

Silvio Rodriguez escribió una canción que se llama Historia de la Silla. El primer verso dice: «En el borde del camino hay una silla» y el último: «aunque se llene de sillas la verdad. Entre ambos versos menciona otros asuntos. Sin embargo el título y los dos versos que abren y cierran el tema, nos hacen pensar que fue precisamente una silla ubicada en el medio del camino el punto de partida e inspiración para componerla. Y tiene sentido. Yo he sacado una foto en Aco de una silla que daba idea de abandono, que también me encontré caminando por allí. El otro día, andando por la ciudad con mi marido, lamenté estar sin mi cámara al ver un par de sillas tiradas en la calle que llamaron mi atención. No me comparo con el cantautor, por supuesto, porque además el canta mejor que yo (ya pueden imaginarse cómo canto yo entonces); pero creo que es obvio que no fueron las sillas en si mismas las que captaron nuestra mirada e inspiración, sino su ubicación y el aspecto que presentaban. Nunca me sentí atraída por fotografiar una silla en una mueblería, por ejemplo, ni siquiera las de mi casa, a menos que estuvieran ocupadas por alguien. Fueron esas sillas, no otras ¿Podría Silvio Rodriguez haberle escrito una canción a un colchón? Claro que sí, si el colchón tuviera una ausencia o presencia interesante, así estuviera en medio del camino, como la silla, y estuviera lleno de polillas. Alguien que le escribe a un pantalón haciéndole creer a todo el mundo que cree en seres imaginarios o que le canta a las aceitunas puede escribirle a lo que se le de la gana. Pero tiene que llamarle la atención por algún motivo en especial ¿Habría Silvio Rodriguez cantado a su pantalón si no se le hubiera perdido? ¿Habría compuesto una canción mencionando las aceitunas si su amada no fuera tan maloliente?

Los objetos en si mismos son sólo eso, objetos, incapaces por si solos de trasmitirnos nada. Son sus circunstancias las que nos hablan, nos dictan e incluso nos transformas e invaden nuestros pensamientos. De tal forma es así que yo no he podido dejar de pensar en el tema desde el día que vi las últimas sillas mencionadas y esto fue hace dos días. En el trayecto me he encontrado con muchísimos otros objetos y gente, sin embargo sólo esas sillas se incorporaron a mi mente, de forma tal que necesité escribir este divague para que puedan seguir su camino hacia otros derroteros. Ahora podría imaginarme cientos de historias con ellas, pensar que hubo gente cansada que aprovechó su incapacidad de negarse para poder hacer un alto y sentarse. Podría crear historias sobre esa gente, pensar en sus vidas, sus familias y cuál era la meta que pretendían alcanzar el viernes. Pero no, mi mente se centró en por qué me llaman tanto la atención las sillas que se encuentran en el medio del camino y en por qué esa es una de las pocas canciones de Silvio Rodriguez que me gustan.

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LOS HERMANOS CHISME

18 miércoles Mar 2015

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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amigos, amor, boca, chisme, cuento breve, duda, hermanos, hombre, oreja, pueblo, víctimas

Los hermanos Chisme vivían en un barrio pequeño de un pueblo pequeño que estaba en un pequeño país. Allí todos se conocían, no es que fueran todos amigos entre sí, pero sabían dónde vivía cada uno y sus nombres. 

Estos hermanos tenían una particular característica cada uno. Tito tenía una boca enorme, que le ocupaba casi toda la cara. Tan grande era, que sus ojos y nariz eran casi indistinguibles por falta de lugar en su rostro. Nino en cambio, lo que tenía enorme eran las orejas. Tan grandes eran, que un viento un poco fuerte lo hacía volar unos metros.

Tito conocía a todos, no demasiado, pero él hacía creer que sí. Lo que no sabía de cada uno lo inventaba y propagaba su opinión y su invención por todo el pueblo haciéndolo pasar como cierto. Lo más grave no era su actitud, si no que incluso quienes habían sido víctimas de él, le creían y ayudaban a propagar la mentira.

Nino fue el único sobre el que no habló Tito y creía ciegamente en su hermano. Tenía un carácter muy rígido y moralista. Estaba muy solo, porque la mayoría de la gente le parecía que eran lacras y no merecían su trato. Nino escuchaba a Tito como quien oye a un sabio al que cree dueño de una verdad absoluta. Su fe en su hermano era casi idolátrica.

En una ocasión llegó al pueblo una familia nueva, trayendo consigo trabajo para mucha gente. Estaba compuesta por cuatro integrantes. Uno de ellos era un muchacho de la edad de Nino, quien vio en él la posibilidad de tener un buen amigo. Y así fue al principio. Durante un tiempo, se volvieron confidentes, casi inseparables. Tito se moría de celos, ya no era el centro de la vida de su hermano y ese muchacho parecía perfecto, sin nada grave que achacarle. Nino llegó a conocer cosas de su amigo muy íntimas, que nadie más sabía y valoraba mucho su amistad, porque lo consideraba una gran persona.

Tito se devanó los sesos, tenía que encontrar la manera de separar a los dos amigos. Luego de mucho pensar se le ocurrió una gran idea. Habló con su hermano, dando muchos rodeos, buscando la manera de decirle algo muy grave. Nino empezó a preocuparse y con el ánimo ya dispuesto a escuchar lo peor y creerlo, su hermano le dio la dura noticia. Su amigo no era tal como él creía, Tito había escuchado por el pueblo hablar de su hermano, contando intimidades de él que sólo ellos sabían y quien las había propagado no podía ser otro que aquel en quien él tanto había confiado.

Otras personas, en otros momentos, pasaron por el pueblo. Y la historia se repitió cada vez. Es que Tito tenía tanto miedo a que su hermano lo dejara solo, que no dudaba en lastimarlo, incluso, con tal de apartarlo de aquellos a quienes había entregado su confianza. Nino nunca dudo de la veracidad de esos dichos y se sentía solo y amargado. En poco tiempo llegó a desconfiar hasta de sus sombra y ya no se acercaba a nadie más por miedo a la traición. Tito logró lo que buscaba, su hermano jamás se apartó de él y eso lo satisfizo e hizo feliz, aunque fuera sobre el dolor de su hermano. Mientras, en el pueblo, nadie dudaba de la veracidad de Tito.

https://flic.kr/p/rC53UD

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HOSTILIDAD

14 domingo Dic 2014

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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computadora, delegación, dormir, empanada, gata, hostilidad, lavarropas, médico, ojo morado, peces, perro, pie, policía, psicólogo, psiquiatra, rasguño, sonambulismo, sonámbula, sueño, tobillo, uña

Esta mañana mi marido me amenazó con denunciarme a la policía porque dice que lo golpeo, pero eso no es verdad. Todo porque amaneció con un ojo morado y cojea de un pie en el que tiene el tobillo como una empanada. Asegura que mientras dormía lo insultaba y golpeaba sin piedad, pero yo no recuerdo nada ¿Será por eso que amanecí con una uña despegada del dedo y un rasguño en la cara? Trato de hacer un esfuerzo, pero no recuerdo qué soñé anoche. 

No es la primera vez que me ocurre algo así, en una ocasión debieron tirarme un baldazo de agua para despertarme porque me puse a arrojar y romper cosas y antes de eso, salí de casa y comencé a patear tachos de basura. En aquella ocasión me llevaron a la delegación, pero como se dieron cuenta que actuaba sonámbula, me soltaron en seguida con la recomendación de que hablara con mi médico.

Fui a mi médico y me mandó a hacer un estudio del sueño. El problema es que estando dormida me arranqué todos los cablecitos e intenté ahorcar a los peces que tienen en la sala de espera. De ahí me derivaron directo a un psiquiatra.

En el psiquiatra la cosa no fue mejor. Él pensó que la mejor manera de descubrir qué me pasaba era con hipnotismo, pero en cuanto me quedé dormida empecé a dar saltos en el sofá y a subirme a todos los muebles al ritmo de conga. El doctor logró despertarme justo cuando estaba por ingerir unas cápsulas para dormir y me pidió que me retirara de inmediato, no sin antes cobrarme una abultada suma de dinero en la que incluyó todo lo que le destruí.

Volví al médico muy preocupada y me recomendó probar con un tratamiento psicológico. Me aconsejó que no fuera a ningún profesional que utilizara sofá, para evitar el riesgo de quedarme dormida y armar más estropicios. Obedecí, porque en mi situación no estaba para discutir y ya no sabía qué hacer conmigo.

El psicólogo me dijo que podría ayudarme, pero que el tratamiento llevaría un tiempo y que entre tanto debía buscar una solución para evitar actos de violencia y destrucción mientras dormía. En realidad exageraba un poco, porque fuera de lo que conté, sonámbula sólo he llegado a meter la gata en el lavarropas, tirar la computadora recién comprada a la basura y arrojar por la ventana al perro. Tampoco es que fuera siempre tan violenta.

Regresé a casa algo desilusionada, porque yo necesitaba una solución inmediata y nadie parecía tenerla. Así que con mi marido hemos tomado una decisión, hasta que el tratamiento psicológico de resultado, dormiré en una habitación acolchada de un psiquiátrico con camisa de fuerza. Menos mal que al menos me dejaron elegir el modelo que más me gustara.

Acre, Israel. © Todos los derechos reservados.-

14 de diciembre de 2014.

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LA AVUTARDA TERÓFAGA

12 viernes Dic 2014

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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argentino, aves, avutardas, España, historia, inmigrante, ornitólogo, pueblo, teros

     Hace unos días, íbamos mi marido y yo caminando por las calles de Nahariya hablando de teros y avutardas, cuando él recordó una historia que había visto y escuchado en un programa de la televisión española. Como me resultó muy interesante, me he decidido a compartirla con mis lectores.

     Transcurrió en un pueblo de España, pequeño y desconocido, pero muy pintoresco. Tenía por nombre La Avutarda Terófaga y tan llamativa denominación es lo que mereció que una periodista se trasladara hacia allí para conocer su historia. No siempre se llamó igual, hubo una época en que simplemente se llamaba La Avutarda, debido a la enorme presencia de dicha ave por aquella tierra. Desde que pasó la historia que les contaré, es que pasó a llamarse con tan extraño adjetivo.

     Resulta que al pueblo que nos ocupa, había llegado un inmigrante argentino. Había sido contratado por un museo de aves de la zona, ya que era de profesión ornitólogo. Como quería traer algo que le recordara a su amado país, decidió traer de allí en una jaulita, una pareja de teros. Su idea era criarlos en el jardín de su casa, donde ya había procurado que le armaran una laguna artificial para que se sintieran más cómodos y con la idea de que procrearan y de esa manera, no quedarse nunca sin tan bella y querida especie. Pero pasó algo extraño, que salió de sus cálculos. Quizá porque los teros llegaron a creerse que eran los únicos en su especie en todo el mundo y quisieron colaborar para evitar su extinción, a lo mejor por verse afectados por un viaje tan largo, o porque al no conocer bien la zona no tenían nada mejor que hacer… El asunto es que comenzaron a reproducirse de tal manera que pronto, no sólo el jardín de la casa, si no el de otros vecinos, se vieron invadidos por agresivos teros que querían a toda costa echar a cuanta otra ave se le pusiera en el camino. La población teril se salió de control y no sabían qué hacer para disminuirla. Mientras los científicos en el museo, que hasta ese momento se aburrían muchísimo, estuvieron sumamente atareados investigando una solución efectiva y sana para toda la población.

     Pero hete aquí que las aves típicas del lugar eran las avutardas, ellas habían estado ahí desde siempre y no les gustaba nada sentirse invadidas por estas aves inmigrantes, que parecían querer adueñarse de todo. Algunas empezaron a reunirse en secreto, buscaban estrategias para vencer al invasor, pero todo parecía en vano. Tan grave y tensa se volvió la situación, que una de ellas, la que más propuestas infructuosas había planteado, enloqueció. Comenzó a volar hasta una altura superior de lo esperable para una avutarda y utilizar una técnica similar a la de los teros, lanzándose en picada sobre ellos. Llegó a clavar el pico en algunos, pero lo peor fue que probó el gusto de la sangre y le agradó. Su locura se agravó y desde ese día comenzó a alimentarse de teros. Nadie hacía nada por evitarlo, puesto que creían que una mágica solución les había llegado del cielo, mientras miraban aterrados pero satisfechos, cómo esta enloquecida ave cazaba al ave invasor. Las otras avutardas no entendían nada, como mucho ellas habían llegado a alimentarse de huevos de otras aves y si de carne se trata, de ratones, lo que venía muy bien a los agricultores de cereales, pero nunca de parientes. Sin embargo, al ver que esta avutarda disfrutaba como si de una riquísima golosina se tratara, decidieron arriesgarse y probar. Lo que no consiguieron los ornitólogos, lo lograron las avutardas. Desde aquel entonces la población teril ha podido ser controlada, Se reducen sólo a un par de decenas, que descansan para satisfacción suya, en el jardín del único argentino del pueblo. 

© Todos los derechos reservados.-

12 de diciembre de 2014.

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