SUEÑO CUMPLIDO

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     Estas vacaciones tienen que ver con un sueño de muchos años que tanto mi marido como yo teníamos y que creíamos imposible. Al fin se nos hizo realidad. Estuvimos en Madrid, en Toledo y en Barcelona. Pasamos antes de llegar a España por Kiev (Ucrania) donde hicimos una escala de varias horas, lo que nos permitió conocer un poquito (no mucho, porque en seguida se nos hizo de noche). Cada una de las ciudades que estuvimos me ha dejado una impresión diferente.

      Kiev: es una ciudad que no está preparada para recibir turistas internacionales. En el aeropuerto, los empleados apenas hablan un poquito de inglés y los anuncios son todos en idioma ucraniano. Viajamos en autobús hasta la estación central de tren y pudimos ver desde las ventanillas un buen tramo de la ciudad que en aspecto y aunque parezca extraño, nos recordó mucho a Buenos Aires. La zona donde está la estación es bastante céntrica por lo que pudimos notar, pero tampoco allí están acostumbrados a recibir turistas y fue muy difícil encontrar a alguien que hablara inglés. Nos sentimos como sapos de otro pozo y nada bienvenidos. Igual la zona es preciosa.

      Madrid: es todo lo contrario a Kiev, y no me refiero al aspecto de la ciudad, en la cual también hay zonas que nos recordaron a Buenos Aires, si no en su preparación para recibir turistas. Se nota que es una ciudad que recibe muchísimo turismo desde el momento mismo que llegamos al aeropuerto de Barajas (el cual es una maravilla arquitectónica, enorme y raro). Los madrileños son muy cálidos y nos sentimos adaptados casi desde el mismo día que llegamos. Mis hijos (sobre todo el mayor) se la pasaron comparándola con Israel y siempre salía ganando. Pero claro, ya les expliqué que estar de vacaciones no es lo mismo que vivir en un lugar y ellos lo veían todo con los ojos de los que saben que sólo fueron a disfrutar.

      Toledo: la ciudad es preciosa y me dejó dos sensaciones (además de un gran agotamiento físico, porque todo es caminar por calles empedradas y cuesta arriba): por un lado sentí emoción y maravilla y por el otro, tristeza y mucho miedo. Eso último tiene que ver con dos cosas especialmente: una es la cantidad de vidrieras con armaduras, armas medievales y estatuitas de cruzados, la segunda con la segunda sinagoga convertida en iglesia que visitamos: Sta. María La Blanca. No sabría explicar por qué me sentí así, pero apenas había puesto un par de pies adentro cuando sentí muchísimo terror. Fue como si todos los judíos torturados, perseguidos y asesinados en la época de la inquisición hubieran estado allí. No fue igual en la primera que estuvimos, en  El Tránsito, donde sentí como si toda la familia de mi esposo hubiera estado ahí. Me sentí tan emocionada que me puse a llorar y a temblar apenas puse mis pies en ella, sin haber visto nada aún.

      Barcelona: claramente acostumbrada también a recibir turismo me impresionó ver que hubiera espacios tan grandes y tan vacíos. A excepción, por supuesto de los lugares típicos de visita turística para los que había inmensas e interminables filas. Nos quedamos sin ver por dentro La Sagrada Familia de Gaudí, pues la fila daba vuelta a la manzana y no queríamos estar horas bajo el sol esperando, ya que teníamos sólo dos días para conocer la ciudad. También me quedé sin probar la orchata, que me dijeron que sólo la hacen en verano. La gente me pareció un poco más fría que en Madrid, aunque no tanto como en Kiev. Lo poco que tuvimos la oportunidad de ver, también me encantó.

La felicidad que tuvimos durante esos días, se renueva cada vez que recordamos lo vivido y nos alienta a volver a soñar.

– La Pedrera de Gaudí, Barcelona, España. © Todos los derechos reservados.-

9 de octubre del 2012

ME QUITO EL SOMBRERO

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A veces estamos tan acostumbrados a determinadas cosas o situaciones que nos resultan completamente naturales y no nos planteamos cambiarlas. Chiara no era una excepción, hasta el día que caminando por la calle se puso a mirar a la gente y se preguntó: no nacemos con sombrero ¿o sí? Sin embargo todos llevan el suyo, siempre el mismo, cada día, nadie se lo sacá ni para dormir ni para bañarse, ya no sabemos qué hay debajo de ellos.

Llegó a su casa con gran inquietud, preocupada, convencida de ser una más de la gran masa de gente de la que siempre había querido diferenciarse ¡¡¡Cómo puede ser que necesitara 43 años de su vida para darse cuenta del tema de los sombreros!!!

Decidió que ese era un buen día para marcar su individualidad y como iba a bañarse, aprovechó la oportunidad. Entró al baño decidida, pero a medida que se acercaba el momento sentía más miedo ¡¡¡Había llevado tanto tiempo su sombrero puesto!!! ¿Sería doloroso sacárselo?

Ya estaba desnuda, mirándose frente al espejo con su sombrero puesto y se sintió ridícula de repente. Respiró hondo y se lo quitó de una vez, de un tirón. Algo doloroso fue, sin duda, pero mucho menos de lo que se había imaginado. No corrió ni un hilo de sangre y de golpe empezó a sentirse más libre y liviana. Todo lo que contenía su cabeza empezó a fluir: recuerdos, conocimientos, ideas, alegrías y dolores. Pero no escapaban de ella, si no que la cubrían por entera. Se sentía como si de ella emanara luz, que cada rayo lumínico era como un tallo del cual surgían montones de aromáticas flores de hermosos y brillantes colores. Ahora le daba miedo entrar a la ducha y que todo aquello que la cubría desapareciera. Sin embargo debía bañarse y para su sorpresa todo se mantuvo igual, sólo que más limpio y brillante.

Si por ella hubiera sido, habría vuelto a salir al exterior completamente desnuda, para que todos la vieran así de luminosa y colorida, pero sabía que no podía hacerlo, así que se vistió y una vez más se sorprendió: la ropa traspasó todo aquello y quedó por debajo dejando a la intemperie su nuevo estado luminoso y florido. Cuando caminó nuevamente por la calle, empezó a sentir pena de todos los sombrerudos que la miraban raro.

Chiara no tiró su sombrero, la había acompañado demasiados años de su vida, siempre y no se imaginaba la vida sin él. Lo miraba de reojo y a veces tenía la tentación de volver a ponérselo. Se preguntaba cómo se sentiría ahora. No tenía miedo a perder su luminosidad, pero sí a que dejara de fluir todo lo nuevo que se generara en su cabeza y no poder volver a sacárselo nunca más. Empezó poco a poco a dejar de verlo como un viejo compañero hasta llegar a verlo como un verdadero enemigo. Empezó a gritarle, a culparlo de tantas cosas, a insultarlo. Lo miró primero con bronca y luego con tristeza hasta decidirse a enterrarlo en el rincón más oscuro de su placard.

Un día, Chiara hizo limpieza general en su casa y se reencontró con su viejo sombrero. Lo tomó en sus manos, fue al baño y sintió una enorme tentación de volver a ponérselo, como si eso la redimiera de todo lo que le había dicho al sombrero, dándole al tal entidad de ser vivo. Miró su propia imagen espantada, soltó el sombrero como si se tratara de una enorme y asquerosa cucaracha, fue corriendo a la cocina, tomó los fósforos y lo quemó. Nunca antes se había visto a si misma tan luminosa y fragante.

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20 de setiembre del 2012

EL MISTERIO ES EL MISTERIO

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En la esquina del aula hay un misterio, todos saben que está ahí, pero nadie sabe cuál es el misterio. Saben que existe, que se cierne sobre ellos y que es como una presión latente en el aire. Han tratado de descubrirlo, al principio de la manera más tonta, tratando de utilizar todas las técnicas leídas en las novelas policiales. Al no obtener éxito recurrieron a la coacción y la tortura psicológica. Pero eso tampoco dio resultado. Entre todos hicieron el pacto de no gastar la plata que recibían de sus padres para el kiosco de la escuela y ahorrarla en una alcancía que quedaría bajo llave en el armario del aula hasta juntar la plata necesaria para pagar a un detective. Tampoco así lograron nada. El misterio se les hizo carne, creció con ellos y los desconcentraba de aquello en lo que necesitaban enfocarse para crecer y desarrollarse como adultos. El misterio creció, se desarrolló, se modificó. Cuantos tenían el más mínimo contacto con él se convertían en personas taciturnas e inquietas y estancadas. Muchos intentaron desentrañarlo, nadie lo logró y ese misterio pasó a ser el mayor misterio de la historia.

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3 de julio del 2012

LOCURA HAIFENSE

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Los nacidos en Haifa entre la mitad y la parte baja de la ciudad no toman café ni hacen pis. Por ese motivo la ciudad no está adaptada para quienes traen tales costumbres muy arraigadas de ciudades tan distintas como Buenos Aires y Naharía, quienes cuando deben pasar allí mucho tiempo deben llevar consigo un inodoro portatil y un termo con café. Esta curiosidad de los Haifenses medios y bajos me ha sumido en profundas reflexiones y me ha puesto a investigar. Sin embargo no fue hasta hoy, que debí acompañar a mi marido a un examen médico que logré llegar a una conclusión: la atmósfera en esa sección de Haifa está envenenada o con algún enrarecimiento difícil de notar sin estudiarla científicamente. Eso es lo único que puede explicar un signo clarísimo de locura del que fui testigo hoy mismo. En el tren, justo antes de entrar a la estación Haifa Mercaz Hashmoná, hacen parar a todos los pasajeros para retirar los asientos. Quienes viajan en el tramo que va desde allí a Naharía deben hacerlo parados o sentados en el piso. Por ello, quienes toman el tren en dicha estación suelen expresar: en esta estación el tren suele venir sin asientos.

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-Carmelit, subterráneo de Haifa, Israel. © Todos los derechos reservados.-

21 de diciembre del 2011

¡ISRAELÍES, NO CAMBIEN!

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Señor, señora israelíes: NO CAMBIEN.

Aunque me moleste que se cuelen en la cola del supermercado y en el turno del médico.

 Señor, señora israelíes: NO CAMBIEN.

Aunque me desagrade que se hablen de una punta a la otra a los gritos en vez de acercarse el uno al otro.

 Señor, señora israelíes: NO CAMBIEN.

Aunque me fastidie que me hablen rápido y cuando les pida que lo hagan más lento me respondan que ya están hablando lento.

 Señor, señora israelíes: NO CAMBIEN.

Aunque me resulte desagradable que usen el pantalón tan bajo que se les vea la raya de la cola y que se bañen públicamente en las duchas públicas de la playa.

 Señor, señora israelíes: NO CAMBIEN.

Aunque tengan estos y otros defectos que me cuestan comprender… NO CAMBIEN NUNCA.

 Porque es admirable un pueblo que en medio de la guerra le abre las puertas de sus casas a desconocidos para que se refugien.

 Porque es admirable un pueblo que tiene una policía que lo cuida y que no está en su contra, que además no acepta coimas.

 Porque es admirable un pueblo que valora tanto la vida que contra toda táctica y estrategia en medio de una guerra avisa a sus enemigos hacia dónde y cuándo va a disparar para que los civiles puedan refugiarse.

 Porque es admirable un pueblo que contra toda táctica y estrategia en medio de una guerra provee de electricidad, gas y ayuda humanitaria al pueblo desde el cual continuamente se le disparan misiles.

 Porque es admirable un pueblo que cuando marcha con una protesta lo hace sin agresión ni bajo ninguna bandera política.

 Porque es admirable un pueblo donde todos los extranjeros somos bienvenidos y sin discriminaciones.

 Porque es admirable el corazón y la humanidad del pueblo israelí, que continúa así pese a que la prensa internacional mal intencionada trata de presentarlo de una manera muy distinta y engañosa.

 Por todo eso y mucho más, señor y señora israelíes, NO CAMBIEN NUNCA. Y si quieren cambiar algunos de los detalles que mencioné antes, háganlo siempre y cuando no cambien todo lo maravilloso que tienen y que los hacen tan especiales. Yo igual los quiero.

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-Manifestación en Nahariya pidiendo justicia social el 03 de septiembre del 2011-

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5 de setiembre del 2011

MAQUILLAJE

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    Todos los días, Tania se levantaba más temprano de lo necesario para poder maquillarse, emperifollarse, recogerse el pelo hacia atrás de una forma elegante y atractiva, se perfumaba y luego de vestirse demasiado elegante como para ir a trabajar a la cocina de una fábrica, salía hacia la parada del autobús que la llevaría al trabajo.

     Cuando llegaba a la empresa, aprovechando que siempre arribaban un poco antes de la hora de entrada, se dirigía al baño para retocarse el maquillaje y arreglarse el peinado. Sus compañeras y su jefa estaban asombradas de la obsesión de Tania de arreglarse a cada rato, parecía no estar segura de si misma y sin embargo era muy hermosa.

     Un día, sin mayores explicaciones, le pidió a la encargada de servir la leche caliente que le dejara hacerlo a ella en el segundo turno. Hicieron el cambio para sorpresa de todos y empezaron a observarla con detenimiento para descubrir el motivo. No necesitaron más que unos pocos segundos para darse cuenta. Tania servía la leche con más diligencia y esmero a uno de los trabajadores al cual cada tanto miraba, incluso mientras servía a otros y cada vez que lo hacía le brillaban los ojos. El obrero elegido parecía ser el único que no se daba cuenta mientras los demás se codeaban y hacían comentarios incompletos. Tania estaba desesperada, pues él no levantaba la vista de la comida y del café con leche. Cuando se incorporaba, saludaba a sus compañeros de mesa y se retiraba sin darse vuelta hacia ella ni una vez. Más la ignoraba, más se arreglaba Tania.

     Cierto día se quedó dormida. Estaba demasiado cansada y no logró levantarse a tiempo para todos los arreglos que solía dedicarse. Se recogió el pelo con rapidez, se vistió velozmente y llegó a la parada al mismo tiempo que el autobús. En el camino se toparon con la ruta cortada por causa de un accidente y eso provocó que el micro llegara con retraso. No tuvo tiempo de maquillarse en el baño ni de arreglarse el pelo. Con valentía y mucha tristeza se puso a trabajar. Todas sus compañeras la miraban con admiración y algo de envidia al ver que sin maquillaje era aún más hermosa. Esta vez no quería servir la leche, pero nadie le hizo caso y debió hacerlo. El elegido, cuando le llegó el turno, levantó la vista y le dio las gracias sonriendo. Tania nunca más volvió a maquillarse.

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2 de marzo del 2011

FOCO

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«…cuando usted me mira no me ve a mí. ¿Qué es lo que ve entonces?» Foco de Arthur Miller.

     265 páginas. Voy por la 233 y lo empecé ayer. Claro, con algo de trampa, pues eran las 4 menos cuarto de la mañana y hubiera seguido leyendo si mi marido, una vez más, no me hubiera hecho notar la hora. Debo decir que al principio me parecía un poco aburrido, quizá por el estilo, pero me alegro de haberme auto impuesto su lectura. Un libro muy diferente a todo lo que leí hasta ahora y aunque el tema es recurrente a muchos otros libros que he leído, el antisemitismo, está encarado de una forma tan distinta que me impactó. Todo gira alrededor de un personaje que no es judío, incluso es antisemita, sin embargo a partir del momento en que se ve obligado a ponerse lentes, el aspecto de su cara se transforma de tal manera que le da apariencia de judío. El hombre es tomado como tal y por esa causa sufre las consecuencias de muchos otros judíos: pierde el trabajo, es menospreciado por sus vecinos y amigos, arrojan el contenido de su contenedor de basura sobre el pasto de su casa, etc. Aprende a vivir con temor, siente que ya no pasa desapercibido y empieza a tener que controlar y cambiar conductas habituales en él y que podrían ser vistas bajo los tópicos que pesan sobre la comunidad judía. Su vida cambia por completo y él mismo vive una transformación interior. La verdad, impresionante.

Me recordó a alguien que una vez, al enterarse que yo era judía, me dijo: pero no tenés cara de judía. Tiempo después se lo conté a alguien con el mayor de los asombros y ese alguien me respondió: pero es verdad, no tenés cara de judía. Ya desde entonces me planteaba qué cara sería esa y por entonces me preguntaba cómo podía juzgarse o señalarse a alguien por los rasgos de su rostro. Este libro me revivió aquellas vivencias y algunos otros dolores sufridos, pero no con tristeza, si no con reflexión.

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8 de agosto del 2010

QUIEN QUIERA OÍR, QUE OIGA

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«Si la historia la escriben los que ganan,eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia, quien quiera oír que oiga.»

Éste estribillo de la canción Quien quiere oír que oiga, que luego de que se terminara el mandato militar en Argentina escucháramos repetidamente y con emoción de los labios de Baglieto y Silvina Garré, es engañoso. Entonces me encantaba. Estábamos muy sensibilizados con todo lo que había pasado y se destapaba de todas las barbaridades que los militares habían hecho. Sentíamos que sus víctimas eran los únicos que tenían derecho a contar la historia y que sin duda sería la verdadera, por lo tanto esta estrofa cobraba un gran significado y peso. Pasaron ya más de 20 años desde entonces, uno puede ponerse a la distancia y analizar su contenido de otra manera, con menos apasionamiento y más experiencia a cuestas. Ya el primer verso es engañoso: Si la historia la escriben los que ganan ¿Quién ganó entonces, quién gana en ningún conflicto armado, en una guerra sea civil o entre países? ¿Quién gana? Yo diría que todos pierden. ¿Podemos decir que los militares ganaron por haberse quedado con el dinero de sus víctimas, sus pertenencias y hasta sus hijos? ¿Esa es su victoria? Qué triste si medimos el triunfo por las posesiones. Los militares cosecharon odio, descrédito, desconfianza y cárcel (aunque fuera por un tiempo) ¿Ese es su triunfo? Visto desde otra perspectiva podríamos pensar que los que ganaron fuimos todo el pueblo, cuando al fin pudimos alcanzar la democracia y quitarnos de encima la tiranía. Y desde ese punto de vista si seguimos con el resto de la canción, ninguno del pueblo que haya contado su parte de la historia es digno de crédito y la verdadera es la de los militares, pues es la otra historia, la de los perdedores. Cuando se llega a determinado punto de nuestra vida debemos ser más analíticos y cuidadosos de no repetir textos panfletarios que nos suenan bien, porque a las luz de esas enseñanzas aparentemente verdaderas, podemos causar y causarnos mucho daño. Siempre que hay un conflicto entre dos, hay «otra historia», en eso estamos de acuerdo, pero quién dijo que sea la verdadera, a la luz de qué juzgamos eso. Quizá a la luz de estas enseñanzas que hemos respirado e incorporado en momentos de mucho dolor, sensibilidad y pasión. Esta idea caló tan hondo en la gente, que en el conflicto que Israel mantiene con Gaza o que mantuvo con Hizbolla, muchas veces he discutido con gente que le da la razón a los terroristas solamente porque del lado israelí hay menos víctimas e Israel está mejor armado. Con todo el respeto a esa gente, esa es una falacia del razonamiento. Una persona con cierta adultez y madurez no puede tener un pensamiento tan lineal, debe ser capaz de ver todos los factores que llevan a cada consecuencia ¿Por qué Israel suele tener menos víctimas? Los terroristas suelen usar escudos humanos, sobre todo niños y mujeres. A pesar que antes de atacar un punto determinado Israel avise a su población lanzando panfletos en árabe y con dibujos por si alguien no sabe leer para darles 10 minutos de tiempo para refugiarse, la mayoría no se refugia ¿Por qué? ¿Será que los terroristas no se los permiten a fin de conseguir más víctimas para demonizar a Israel? Mientras tanto, del lado israelí, cuando un misil es disparado hacia aquí, es detectado por un radar. Suena la alarma en la zona en la que va a caer para que su población se pueda refugiar. En el caso de Sderot, no tienen 10 minutos como en Gaza, si no sólo 10 segundos. En el caso de Naharía, ni siquiera esos segundos tenemos. En menos de 10 segundos debemos poder bajar al refugio. En nuestro caso es más fácil, pues estamos en el primer piso. Pero para la gente del segundo al cuarto piso que tiene el edificio es más complicado. Sin embargo nos apuramos, bajamos, nos resguardamos durante el tiempo prudencial que nos aconsejan y luego estamos pendientes de las noticias para saber cómo actuar. A nosotros nadie nos impide refugiarnos. Debe ser por eso que tenemos menos víctimas ¿no les parece? Respecto a las armas, más peligrosas son aquellas más rudimentarias de los terroristas que las avanzadas de nuestro ejército. Los misiles caen en cualquier parte, sin control (han llegado a caer en escuelas y jardines de infantes), les colocan en su interior unos perdigones para que al estallar salgan disparados con fuerza hacia todos lados y causen el mayor daño posible, yo he visto sus marcas en las calles de Naharía. Las avanzadas armas de Israel les permiten apuntar a un objetivo determinado tratando de causar el menor daño posible a los civiles (que supuestamente deberían estar refugiados). La gente suele caer en el error de creer que porque suelen haber más víctimas en Gaza o en Líbano, la verdadera historia es la de ellos. Triste conclusión que los llevan a creer en terroristas olvidando incluso el daño que esos mismos terroristas han causado en sus propios países. Aceptar que la verdad la tienen los terroristas sólo porque de ese lado hay más víctimas es un pensamiento lineal y propio de una mente simple y sin demasiada ambición de superación. Yo les propongo dos cosas: una es que analicemos todos los mandatos, enseñanzas y mensajes absorbidos en nuestra juventud y que aceptamos como verdaderos y ciertos con cuidado. Segundo: cuando estamos ante una situación complicada para entender, si es que sentimos la necesidad de tomar partido por uno u otro lado, no seamos lineales, analicemos todos los factores intervinientes y mirémoslo de todos los lados posibles, a fin de no caer en la simpleza y la injusticia

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-Refugio del Kibutz Iejiam utilizado también como cuartito para guardar elementos de limpieza. © Todos los derechos reservados.-

6 de agosto del 2010

HASTA QUE LAS VELAS NO ARDAN

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El título es una frase bien criolla que se suele utilizar para las guitarreadas alrededor del fogón o las fiestas. Supongo que surgió en la época en que la gente aún se iluminaba con tan maravilloso ingenio, las velas. Sin embargo en esta ocasión no me referiré a tales actividades, sino a una que me apasiona muchísimo: la lectura. Anoche mi marido se despertó a las tres de la mañana urgido por cierta necesidad imperiosa muy humana y descubrió que yo aún no había apagado la luz y seguía leyendo. Otras veces también lo hago, sólo que él no se entera porque esas necesidades no lo despiertan. Siempre fue así, cuando me apasiono con un libro necesito terminarlo desesperadamente, necesito llegar al final, pero no me permito ni espiarlo antes de su debido momento, pues me sentiría como una traidora si lo hiciera. Además me interesa muchísimo lo que voy leyendo y no quiero perderme nada. Nunca tardo mucho en leer un libro, por largo que sea, y después me quejo de no tener nada para leer, pero es más fuerte que yo. Debo haber leído cada uno de la mayoría de mis libros unas quichicientas veces, eso hace que esté ávida por material nuevo. Confieso que he bajado algunos libros por Internet, pero no los leo. La computadora, a menos que se posea una note book, no puede ser llevada al baño ni a la cama (dos sitios para leer más cómodos que cualquier biblioteca por mejor equipada que esté). Yo necesito libros de verdad, «de carne y hueso». Hace un par de días entré en desesperación, me negaba a releer otra vez mis libros. Fui hacia mi biblioteca, me paré frente a ella con toda seriedad y miré fijamente los libros de la colección Raíces. La verdad es que leí muy pocos libros de esa colección, pues tenía un poco de recelo. Los pocos que había leído (excepto Sin Plumas de Woody Allen) tenían que ver con el Holocausto, la historia del antisemitismo y cosas así. Libros muy duros y difíciles de sobrellevar. No quería leer otra cosa de esto, puesto que últimamente estoy muy sensible. Pero era en la única parte de mi biblioteca donde podía encontrar un libro aún virgen para mí. Un título que me sonaba como conocido llamó mi atención: La Lengua Absuelta de Elías Canetti. Leí la contratapa, me pareció interesante y lo elegí. En la solapa hablaba de su autor y decía que había sido un desconocido hasta que ganó un premio Nobel de literatura, eso me causó gracia y me predispuso bien a leerlo. También hacía una referencia del libro y decía que era el primer tomo de su autobiografía. Llevo más de la mitad del libro leído (más bien estoy cerca del final) y tengo la sensación que el libro es más la historia de su relación con su madre y de sus lecturas. Si bien toca muchísimos otros temas que me han resultado interesantes, los libros y su madre parecen ser los verdaderos protagonistas, incluso más que él mismo. Me sorprendió, es una autobiografía bastante diferente a otras que he leído y me ha dejado convencida que el autor no podía ser otra cosa que escritor por la forma en que, primero su padre y luego su madre lo han ido guiando. En relación a la lectura, incluso llegué a identificarme aunque no todos nuestros gustos coincidieran. Además al hablar de su propia vida no puede dejar de lado la historia, materia que siempre me interesó muchísimo y que sin duda ha influido en este autor. En suma: si les gusta la buena literatura, si les gusta la historia y las autobiografías, se los recomiendo ampliamente. Por ahora y hasta que no aparezca otra cosa, pasará a ser mi tercer libro preferido ¿Los otros dos? Bien diferentes unos a otros, aunque la historia es un buen hilo conductor entre ellos: La Gesta del Marrano de Marcos Aguinis y Una Novela de James A. Michener. Este último se refiere a la comunidad maronita y nos adentra en su cultura y a su vez en el mundo editorial de una forma maravillosa y distinta.

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1 de Agosto del 2010

DE LA RISA AL DOLOR…

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     Había una vez un hombre. Un día, mientras estaba en su oficina, notó que la mano derecha no le respondía y se asustó mucho. Todo comenzó con una picazón insoportable. No encontraba manera de rascarse. Desesperado miraba a todos lados con miedo a ser observado y que alguien se diera cuenta. Entonces descubrió que su modo de mirar había cambiado, ahora notaba cosas que nunca antes había observado. De golpe, la picazón se transformó en rigidez y una angustia muy grande lo invadió. Miraba su mano, observaba todo y el susto aumentaba. Repentinamente su mano tomó un color negro muy obscuro y se sorprendió. No pasó mucho tiempo hasta que noto que su mano se volvía de un material plástico muy resistente. Se metió la mano en el bolsillo desesperado, se dirigió a la oficina de su jefe y le pidió retirarse más temprano por motivos de salud. Tomó un taxi, seguro de que era peligroso intentar manejar en ese estado. Cuando llegó a su casa se apresuró a retirar la mano del bolsillo, le abultaba muchísimo y le molestaba. En el trascurso del viaje había sentido el crecimiento de su mano. Lo que nunca imaginó es que se habría transformado en una CÁMARA DE FOTOS. Impresionado como estaba se la examinaba una y otra vez, curioso, asustado, sorprendido. A medida que pasaban los minutos la cámara se iba auto completando hasta no tener qué envidiarle nada a las mejores del mercado. Sintió de repente que debía hacer algo, sin duda se había transformado en alguien muy peculiar y tenía que poder sacar ventaja de ello. Se anotó en un curso de fotografía. Al principio el profesor y sus compañeros se quedaron pasmados sin saber qué pensar o cómo reaccionar. Pasaron del estupor a la admiración al ver la maravillosa cámara que era su antigua mano y poco a poco se fueron acostumbrando a él. Aprendió a sacarle todo el partido posible y se transformó en un gran fotógrafo. No había exposición fotográfica en la que no hubieran fotos suyas, en la oficina lo cambiaron de sección y lo trasladaron a la de promoción y prensa. Se editaron libros con sus fotos y los periódicos se peleaban por tener fotos suyas. Los científicos insistían en querer estudiarlo, pero él se negaba asustado de que pudieran desmantelarle y arruinarle la cámara. Su vida había cambiado por completo y aunque en ocasiones sentía la necesidad de su mano, era un hombre tan feliz como no había sido nunca antes. Un día tuvo un accidente de tránsito y quedó en estado muy grave. El accidente había arruinado la cámara, la cual fue atrofiándose poco a poco hasta retrotraerse a su estado natural de mano. Nadie podía entender el fenómeno que había acaecido. Pero eso ya no importaba, cuando le dieron el alta era el hombre más triste del universo y nunca más volvió a sonreír.

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28 de julio del 2010