BITÁCORA DE VIAJE. Día 8- Barcelona y algo más.

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     Hoy viajamos de Valencia a Barcelona, y por esas cosas del ahorro y gastar en viaje lo menos posible, terminamos tomando un tren que nos trajo en el mismo tiempo que nos llevó viajar de Israel a España, cinco horas. El tren no tenía maletero, así que, aunque era espacioso y luminoso, teniendo que tener las valijas con nosotros, no resultó muy cómodo. Sin embargo, sólo podemos protestarnos a nosotros mismos ya que, como dice el famoso refrán… AL QUE QUIERE CELESTE, QUE LE CUESTE.
     Dadas las circunstancias, nuestra llegada a Barcelona fue doblemente dichosa. Por un lado porque deseábamos volver a visitar esta ciudad, y por otro porque al fin habíamos podido descender del tren. Cuando llegamos al hotel, nos registramos y subimos. Me encantó la habitación, el baño es enorme y tiene videt. En el cuarto hay un escritorio grande y cómodo sobre el cual estoy escribiendo ahora, una mesita con dos silloncitos… en fin, una belleza.
     Eran cerca de las 15:00 hs. cuando arribamos al hospedaje. Y a las 16:00 hs. teníamos un esperado encuentro. Para quienes no lo conocen, les cuento que Mario Saban es abogado, tiene un doctorado en filosofía otorgado por la Universidad Complutense de Madrid, es investigador y como producto de sus investigaciones, ha escrito varios libros sobre cristianismo desde una perspectiva judía no religiosa. Lo conocimos en Jerusalem hace un par de años, allí nos regaló uno de sus libros y charlando descubrimos que tiene un parentesco lejano con mi marido. Así que quedamos en contacto. Cuando supimos que vendríamos para acá, le avisamos y quedamos en vernos. Sabíamos, porque nos lo había dicho, que le traería otro libro a mi esposo ¡Pero apareció con tres! Y encima, para variar, no nos dejó pagar lo que consumimos en la cafetería.
     Además de todo lo maravilloso que me ha traído poder exponer en España, me llevo añadido un montón de conocimiento que no esperaba encontrarme. Lo que hemos hablado con mi amiga la profesora de filosofía, P Huergo y Mario Sabán, está todo relacionado sin buscarlo y cada uno ha entregado piezas a un rompecabezas que no deja de asombrarme a medida que lo voy completando. Estoy en una especie de nube, flotando y tratando a la vez de poder bajar a tierra, porque no quiero perder ni una sola de esas piezas. Estoy llevando en mi equipaje interior, mucho más enriquecimiento del que podía esperar.
     A pesar de lo agotados que estábamos mi amado y yo, luego de despedirnos de Mario con promesa de volver a vernos pronto, nos fuimos a dejar los libros al hotel y a caminar. Cenamos, caminamos un poco más y volvimos. Durante la cena, noté a mi marido muy callado y supe enseguida que no era sólo el agotamiento. Él mismo me lo confirmó cuando le pregunté si se había quedado pensando en lo que habíamos hablado con su primo lejano. Estoy en la misma situación, lo concateno con lo charlado con mi amiga y Pedro y no puedo dejar de darle vueltas. Espero poder dormir.
     Mañana nos espera otro día de encuentro y también paseos por nuestra cuenta, ya se los relataré mañana. Si en algún momento logro unir todas las piezas, quizá se las pueda compartir algún día.

Barcelona, 26/02/2016 a las 23:13 horas.

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BITÁCORA DE VIAJE. Día 7- Un día especial

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     La mañana empezó algo revolucionada, tratando de resolver algunos asuntos personales a tiempo, antes de salir para Burjassot. Logramos llegar a horario, incluso unos minutos antes de la hora pactada. Sin embargo no tuvimos mucho tiempo de acomodarnos, porque María Llopis Tena, la periodista que trabaja en el ayuntamiento de Burjassot, también llegó más temprano.
     María nos guió a mi marido y a mí hasta el estudio de radio. Fue la primera vez que veía uno en vivo y en directo. Nos explicó cómo calcular la distancia a los micrófonos, nos dio unos auriculares que debimos ponernos y por donde la escucharíamos a ella y se fue a la sala donde está la consola. Desde allí nos hizo la entrevista. Realizo una introducción hermosa, condujo la entrevista con mucha maestría y nos sentimos muy cómodos. Fue menos difícil de lo que pensaba, aunque algún eh… se me escapó. La entrevista será emitida el viernes 26/02/2016 a las 12:30 hs. por la radio de Burjassot.
Terminada esta hermosa experiencia, decidimos ir a almorzar. Antes nos detuvimos frente a La Casa de la Cultura del Ayuntamiento de Burjassot, donde están expuestas las fotos. Mientras mi esposo sentado en un banco consultaba el mapa, yo aproveché para sacar algunas fotos de la fachada. Estaba en eso cuando María apareció y seguimos charlando como si no nos hubiésemos despedido ya. Es una hermosa persona, muy dulce.
     Para tranquilidad de una amiga, probamos las papas bravas. Muy ricas por cierto. El mozo, divino. En Valencia son muy dulces todos, tratan a los demás de cariño, corazón, guapos, etc. Así da gusto conocer la ciudad, una se siente mimada todo el tiempo. Terminado el almuerzo, me fui a conocer los Silos, un lugar histórico en Burjassot donde estuve sacando fotos. El cielo estaba hermoso y el clima muy agradable.
     Llegamos alrededor de las tres, de nuevo a la exposición. La vimos entrando justito a una amiga, de la cual ya hablé en otra bitácora. Llegó especialmente desde Madrid para ver las fotos, me sentí honrada. Empecé a hacerle una visita guiada y andaba por la mitad, cuando llegó otra amiga desde Valencia. Ella también hizo el tour por Israel a través de las fotografías y fue una alegría conocerla personalmente. Las tres formamos parte de un grupo de Facebook de mamás argentinas que viven en el exterior. Por lo tanto, ellas también se conocían virtualmente. Luego de ver las fotos y de un rato de charla, nos fuimos a seguir conversando café por medio a la cafetería que hay allí mismo.
     Luego que las dos se fueron, apareció P Huergo Caso. Él también es periodista. Enviado por Silvia Schnessel (a quien visitaremos el domingo), llegó para entrevistarme para un periódico llamado Enlace Judío. Un genio, Pedro. Ni cuenta me di cuando empezó la entrevista. Comenzó charlando y todo fue una larga conversación. Vio las fotos, conversamos un poco sobre ellas y luego sobre otros derroteros. Apareció entre tanto Juan Roig, que trabaja en el ayuntamiento y fue quien organizó la exposición. Los presenté y charlamos los cuatro juntos. Fue muy interesante. Yo aprendí mucho de ellos y espero haber podido aportar algo.
     Juan retornó a su trabajo y Pedro, mi esposo y yo fuimos a la cafetería a tomar otro café. Allí seguimos conversando, incluso a nuestro regreso a Valencia, ya que viajamos juntos y bajamos en la misma parada. Charlar con Pedro es tan interesante como conversar con la amiga madrileña, profesora de filosofía, de la que ya comenté en otra bitácora. También sabe mucho de historia. Sostengo que deberían conocerse personalmente, dialogar con ambos a la vez sería impresionante. Además nos dio algunas ideas y recomendaciones interesantes.
     El día fue largo, agotador, pero sumamente enriquecedor. Con experiencias distintas, emociones y alegrías. Mañana nos espera un viaje largo, un encuentro esperado y espero, nuevas experiencias. Ahora me queda irme a dormir y permitir a mis sueños procesar este día tan especial.

Valencia. 26/02/2016 a las 01:06 hs.

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BITÁCORA DE VIAJE. Día 6-Hoy no fui.

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     Hoy no fui a la exposición. Con mi marido decidimos ir a la Ciudad de las Artes y las Ciencias y ya fuimos sabiendo que podríamos quedar agotados y no alcanzarnos el tiempo. Como vamos a estar pocos días en Valencia, y no sabíamos si tendríamos otra oportunidad para ir, decidimos visitar dos de los edificios: el Museo de Ciencias y el Oceanógrafo.
     Más allá de lo interesante que era cada uno y lo hermoso de ambos lugares, he de decir que no recomiendo esta locura, a menos que como en nuestro caso, no quede más remedio. Sobre todo si se quiere disfrutar y darle a cada tema la atención que merece. Cada uno lleva muchísimo tiempo. El Oceanógrafo tiene muchas subidas y bajadas y cierra a las 18:00 hs. También recomiendo que para ir esperen a que terminen algunas instalaciones, porque está incompleto.
     Almorzamos allí. Primero fuimos a ver un restaurante (hay varios y de distintos estilos), además de que todo era a base de pescado que a mi esposo mucho no le gusta, los precios eran imposibles (35 Euros por persona el más barato). Así que fuimos a ver otro con precios más razonables y otra variedad. No sé si se puede entrar allí con comida y bebida, pero se podría averiguar y si dicen que sí, conviene.
     Había un espectáculo con delfines. Y quiero destacarlo, porque tiene una diferencia fundamental con otros que he visto alguna vez, los delfines no son payasos. No se les hace hacer cosas poco naturales para ellos tales como jugar con una pelota, pasar por un aro, aplaudir o cosas por el estilo. Hacen todo aquello que harían en su hábitat natural: saltar, nadar, comer, hablar… Se explicó que es una familia de delfines y que trabajar con ellos les permite estudiar conductas que les son útiles para ayudar a otros animales que pudieran estar en peligro. Enseñaron a cómo ayudar si se encuentra alguno varado también.
     Me quedé asombrada con un grupo de ancianos murcianos. Según supe luego, estuvieron todo el día arriba y abajo sin parar. Una verdadera maravilla. No sé cómo hicieron. mi marido y yo quedamos para ser juntados con cucharita.
     Casi a la rastra volvimos a la pensión, molidos, pero habiendo disfrutado mucho. Cenamos Paella Valenciana. Mañana sí iremos a Burjassot. Será un día largo allá, pero lleno de cosas interesantes que ya les contaré a todos a la noche, como cada día.

Valencia- 24/02/2016 a las 22:55 hs.

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BITÁCORA DE VIAJE. Día 5- Hay de todo.

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     Hoy fue un día que empezó buscando la practicidad. Primero, buscando dónde desayunar saliendo de la zona turística, porque pensamos que sería más económico, pero no fue así, estaba más o menos lo mismo. Desayuné raro, porque comí tostadas con aceite y tomate. Estaban muy ricas. En el camino, pasamos por un lugar lleno de fotógrafos y un señor con micrófono que hablaba en valenciano. Preguntando a un par de mujeres que salían de allí, me explicaron que estaban anunciando las fallas y que estaban impulsando lanzarlas internacionalmente o algo así. Luego tiraron varios petardos seguidos y nos llevamos flor de susto.
     Volvimos a la pensión para buscar la ropa y caminamos como 15 cuadras para llevar la ropa a la lavandería. Es de esas que no tienen empleados, una hace todo sola. El jabón en polvo y el enjuague son parte del proceso de lavado, no hace falta agregarlo. Como iba a durar como media hora, nos fuimos a dar una vuelta. Fuimos al Mercado Central, que está ahí nomás. Muy limpio, muy lindo. Saqué allí unas cuantas fotos y volvimos a poner la ropa a secar. Ahí nos quedamos esperando, porque llevaba sólo 6 minutos.
Con ropa y todo en la bolsa, nos fuimos a almorzar. Estuvimos en una posada andaluza y por primera vez comí salmorejo. Muy rico, algo picante para lo que estoy acostumbrada, pero me gustó. También nos dieron por su cuenta y junto con el pan, papa con comino. Rarísima la textura y la consistencia. Me gustó, aunque un poco menos que lo otro. El lugar estaba lleno de objetos típicos y saqué muchas fotos allí también. Tanto la madre como la hija que trabajaban ahí, supongo que son dueñas, resultaron muy simpáticas y amables. La madre me contó que ella es musulmana por elección, por conversión. Prometió ir a la exposición y estuvimos conversando amenamente un buen rato.
     Volvimos a la pensión, donde revisamos los mensajes y luego nos fuimos a Burjassot. Para mi alegría y sorpresa, habían varias personas viendo la exposición. Vi a algunas hablando como con duda de alguna de ellas y me ofrecí a ayudarlas. Terminé haciendo otra visita guiada como la del día anterior, a la cual se sumaron otras personas. De hecho, no fue la única que hice hoy. Siguió viniendo gente y tuve el placer de charlar con distintos visitantes. Algunos me contaron sus experiencias como turistas en Israel, otros comentaban sobre lo poco que conocían de Israel y varios dejaron comentarios en el libro de visitas. Uno de ellos, cuya mayor fuente de información parece que fueron ciertas películas que yo desconocía, estuvo conversando mucho con Gabi y conmigo. Dejó un comentario en el cuaderno donde expresó que le gustaron las fotos y en valenciano puso ¡VIVA PALESTINA LIBRE! No discutimos, ni nos enfrentamos en ningún momento. Yo decidí quedarme con la primer frase de lo que escribió, e ignorar la segunda, que no me aportaba nada.
     También llegaron un par de muchachos árabes. Los vi comentar entre ellos mientras miraban las fotos y me acerqué una vez más a ofrecer mi ayuda si la necesitaban. Me agradecieron pero me dijeron que no hacía falta y me alejé. Uno de ellos, antes de irse, me dijo que una de las fotos era de Palestina. Le dije que no, que eran todas fotos de Israel. Me aseguró que era de Palestina porque él había visto una imagen como esa en la televisión. No dejé que me provocara, me limité a repetirle lo que ya le había dicho y le agregué que estaría confundido. No insistió y se fueron en paz.
     Una amiga, me dijo que iría hoy a la tarde, pero no había logrado comunicarme con ella y no sabía a qué hora iría. Así que, cuando ya eran las 19:30 hs. Mi marido dijo que él creía que ya debíamos irnos. Además ya había mucha menos gente. Estaba por irme a guardar la cámara cuando la vi llegar junto a su hijo mayor. Dos dulces. Estuvimos charlando, el hijo vio las fotos de los cuadros de mi esposo que llevamos en una carpeta, vieron las fotos, escribieron un comentario y luego nos fuimos mi amiga, mi amado y yo a tomar un café y seguir conversando. Como se ve que es costumbre acá, una vez más no nos dejaron pagar.
     Terminamos el día luego de cenar, en la pensión desde donde estoy escribiendo. Fue un día largo, algo duro, pero con el fiel de la balanza inclinado hacia lo positivo.   Mañana pasearemos por la ciudad y tendré el placer de escribir para ustedes nuevamente.

Valencia, 24/02/2016 a las 12:28 hs.

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BITÁCORA DE VIAJE. Día 4- Oradora no, guía de turismo.

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     Describiré el resumen del día: maravilloso.
     Empezamos el día tempranito. Aunque otra veces fuimos caminando a la estación Atocha, esta vez no. Estábamos con las valijas y eso nos decidió a tomar un taxi. Fuimos a tomarlo a donde la conserje nos aconsejó, pensando que debíamos esperar a que viniera alguno. Pero no. Aún nos faltaban unos metros para llegar a la esquina y un taxista que pasaba y nos vio con las valijas retrocedió, se estacionó y espero a que llegáramos. Impresionante.
     En la estación de tren no fue más complicado, en absoluto. Había una cola muy larga para la revisión de equipaje y pensé que debería esperar mucho. Increíble la velocidad con la que se movía la fila y pasamos enseguida. El tren ya estaba estacionado y nuestro coche era uno de los primeros. Tenía mucho lugar para las piernas entre los asientos.          Nos repartieron unas toallitas húmedas calientes para las manos, nos dieron un desayuno copioso, nos ofrecieron el periódico… Entre tantos ofrecimientos, el viaje nos resultó mucho más breve. Antes de bajar, anunciaron que en la estación habría un autobús gratuito para los que debían ir a la otra estación de Valencia. Recordé que una amiga me dijo que esa estación quedaba ahí nomás de nuestro hospedaje y decidimos tomar ese colectivo. Fue lo mejor que podíamos haber hecho, nos quedaba casi enfrente.
     La habitación es cómoda y rara para lo que estamos acostumbrados. Pero está muy bien ubicada, en un lugar céntrico, cerca de todo. De hecho, tiene casi pegada la parada de taxis. Como resultó que ir en ese medio a Burjassot no era caro y sí muy rápido, es lo que utilizamos para llegar hasta allí. El taxista nos hizo un poco de guía turístico, contándonos qué era lo que veíamos en el camino, recomendándonos qué ver y hablándonos un poco sobre las fallas.
     En el ayuntamiento nos atendieron muy bien. Como si fuera poco, habilitaron un camerino enorme para que yo me cambiara y guardara en él lo que necesitara. Llegamos alrededor de las once de la mañana y terminamos de colgar las fotos casi a las tres de la tarde. Nos habilitaron lo que necesitáramos y mi esposo se portó como el mejor marido del mundo. Calculando, subiendo y bajando una escalera para poder mover los cables de los cuales cuelgan las fotos por un riel… Yo caminé de un lado al otro del salón, alcanzando, sosteniendo, ayudando en lo que podía… Decidimos ir a almorzar y revisar las posiciones de los focos a nuestro regreso.
     Nos metimos a comer en el primer local que encontramos. Sencillo. Mi amado un tostado y yo un pancho. Teníamos poco tiempo y teníamos que buscar dónde quedaba la peluquera con la cual había quedado a las 16:00hs. Nos guiamos por un mapa que nos dieron en el ayuntamiento. Como era temprano aún, nos fuimos a dar una pequeña vuelta. Nos sentamos en un banco a descansar, pero yo duré poco. Había muchas cosas interesantes para fotografiar.
     Llegamos unos minutos antes a lo de la peluquera. Cuando se hizo la hora y el local estaba cerrado, decidimos darle unos minutos más. Yo quería esperar hasta y cuarto, pero mi esposo opinó que mejor ir al ayuntamiento, pedir prestado un teléfono y llamar desde allí. Tenía razón. Además de que la peluquera se equivocó de día (pensaba que era mañana), tuvo un inconveniente familiar y no podría venir. Me consolé pensando que había visto una peluquería, justo enfrente del ayuntamiento.
     La peluquería merecería un tema aparte. La dedicación, el esmero, el amor con el que han trabajado conmigo, es impagable. Y encima me cobraron baratísimo. Trenza cocida (espigada la llaman en España) y uñas. La primera no fue nada fácil, porque tengo el pelo muy finito. Pero hasta que no sólo yo, sino la peluquera misma no quedó conforme, no dio por culminada su obra.
     Cuando volvimos a la sala de exposiciones, los focos ya habían sido posicionados por empleados del ayuntamiento. Probamos ver como quedaban las fotos y estaban tan bien colocados, que no tuvimos que hacer nada más respecto a la exposición, así que me fui a cambiar y maquillar.
     Estábamos cercanos a la hora, no vi llegar a nadie de todos los que me dijeron que irían y mis nervios aumentaban ante el temor de que no fuera nadie. Mientras estuvimos colocando las fotos, no faltaron los que se pusieron a mirar las que ya estaban listas y una señora me hizo una devolución sobre mis fotos, maravillosa.                  Llegada la hora, éramos tan pocos, que hubo un pequeño cambio de planes.
La periodista que haría la introducción, me sugirió que en lugar del discurso, les hiciera una visita guiada por las fotos. Me encantó la idea. Así no tenía que pasar por los nervios del discurso. A medida que iba hablando de las fotos, fue llegando más gente a mirar la exposición y algunos se fueron sumando al recorrido. Fue emocionante, porque no sólo me escucharon, sino que cumplí y superé mis objetivos y expectativas.
     Pero ahí no terminaron mis sorpresas. La periodista de las que les hablé, tiene un programa de radio en Burjassot y nos ofreció entrevistarnos a mi marido y a mí. Esta semana ultimaremos el día y la hora. Una de las visitantes era de Serbia, está haciendo unas prácticas o algo así en el ayuntamiento, y a pesar del poco idioma dejó su opinión en el cuaderno de visitas. Puso que quiere conocer Israel. Y eso fue después de haber visto la exposición.
     En el ayuntamiento mismo brindamos con cava y les enseñamos a brindar por la vida con nuestro querido lejaim. Nos pusieron también unas trufas de chocolate y tuvimos una compañía y charla muy amena. Volvimos a Valencia cansados, molidos, pero llenos de emoción y alegría. Tengo la sensación de que todo es irreal. Lo único que tengo claro, es que estoy muy feliz.
Valencia- 23/02/2016- 01:09 hs.

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BITÁCORA DE VIAJE. Día 3.

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 Hoy también estamos molidos de cansancio, pero la pasamos muy bien. Nos encontramos con una amiga en la puerta del Museo Antropológico para ir caminando vía Parque del Retiro al Museo Nacional de Arqueología. Hermosa caminata y charla muy interesante. Llegamos a nuestro destino y antes de entrar nos sentamos en un hermoso parque que está al lado y donde tomamos mate que ella trajo y comimos alfajorcitos de maicena y bizcochitos de grasa hechos por sus propias manos (nos están consintiendo muchísimo). Luego fuimos al museo, entrada gratis y exposición de objetos encontrados en yacimientos españoles.
     Debo decir que no lo vimos completo, porque poco después nos encontramos allí con el hijo y el marido de mi amiga, ya era hora de almorzar y estábamos todos hambrientos. Estamos entregados, nos dejamos conducir donde los lugareños decidan. Después de todo, ellos conocen mejor que nosotros y saben qué recomendarnos.
     Fuimos a un lugar cuyo nombre no recuerdo. Pero igual que el del día anterior, las mesas eran de madera y los asientos eran banquitos de madera o de esos largos. Les dejamos elegir, pues queremos aprender y conocer los sabores del lugar. Pidieron raciones de distintas cosas que se ponen en el medio de la mesa y, cada uno con su tenedor, va picando de cada cosa. Comimos: pulpo, mejillones, chorizo criollo a la plancha, carne frita adobada con papas, queso, un pan espectacular y creo que me olvido algo. Nunca me imaginé que iba a probar el pulpo. Debo decir que no es un plato que elegiría para comer siempre, pero así para picar, no estaba nada mal. Una vez más no nos dejaron pagar.
     Volvimos caminando hasta cerca de la Plaza Mayor. Estuvimos en un lugar que habían muchos bares alrededor y dos áreas de juegos infantiles, donde el nene entró sin perder un segundo. Y él merece un tema aparte. Tiene tres años, es despierto, dulce, obediente y bastante independiente. Ya tan chiquito sabe lo que quiere. Es todo un personaje. Se dejó fotografiar y hasta posaba para las fotos. Estuvimos juntos un montón de horas y se las aguantó como un campeón. Otro nene ya habría estado llorando a los gritos, fastidioso y molesto pidiendo volver. Él no. Se ganó nuestra simpatía y corazón.
     Luego fuimos a un bar, allí nos pedimos chocolates con churros mi amiga, mi esposo y yo. El marido de ella se pidió otra cosa que no sé cómo se llama. De ahí, por recomendación de ambos, fuimos a conocer un acuario que había por la zona. Fin del paseo. Volvimos cansados pero contentos. Disfrutamos de la compañía, la charla, la comida, la caminata y los paseos. Ahora nos toca descansar. Mañana será un día largo. Nos levantaremos tempranísimo porque el tren para Valencia sale muy temprano. Pero mañana será un día especial, que ya les contaré con lujo de detalles llegado el momento.
     Hasta mañana entonces, con muchos nervios y esperando que todo salga bien.

21/02/2016, Madrid, España

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BITÁCORA DE VIAJE- Días 1 y 2-De Ben Gurión a Barajas

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     Si alguien lo desea, siempre puede encontrar algo de lo cual quejarse. Pero si lo hiciera sería injusta, porque la verdad es que desde el aeropuerto Ben Gurión hasta el aeropuerto Barajas, todo ha sido bastante liso y llano. Cuando estábamos esperando para abordar, casi no había gente. Fuimos los segundos en subir. El resto tardó en llegar al avión y eso nos dio tiempo    a guardar nuestro equipaje de mano sin apuro ni inconvenientes. Las tres azafatas y el azafato eran españoles, por lo cual no tuvimos problema alguno con el idioma. Salvo por el hecho de que me costaba reaccionar a que podía comunicarme en español e insistía en hablarles en hebreo a los pobrecitos.

     La llegada fue un placer. Facilidad para llegar al área de las valijas y encontrarlas en seguida, fue maravilloso. En cuanto llegamos al hostal comprobé el estado de las fotos, llegaron muy bien, para mi alivio. Luego nos fuimos a cenar, pero no paseamos mucho, porque estábamos muy cansados.

       Hoy amanecimos tempranito. A las 8 de la mañana ya estábamos arriba, preparándonos para salir. Desayunamos maravillosamente y nos fuimos caminando a la estación Atocha para sacar los pasajes de tren para ir a Valencia el lunes. Tanto el camino como el lugar donde se encuentra la estación son hermosos e interesantes. Hacía menos frío del que me esperaba y había un sol radiante. Volvimos caminando y, previo paso de unos pocos minutos por el hotel, nos encontramos con una pareja de amigos. Dos españoles maravillosos, cultos, amenos, muy simpáticos y de hermoso corazón. Con ella hablamos de historia, sabe mucho y me explicaba qué era cada lugar, qué pasó allí y en qué época. Tanto de Madrid como de Toledo. Con él hablamos de literatura, nos regaló una de sus novelas (es escritor) y nos la dedicó. Conoció a Cortázar (a quien siempre admiré) personalmente y es un placer escucharlo hablar de él. Empezamos a hablar de cómo escribir una novela, pero no pudimos profundizar, y no porque yo no quisiera, sino porque no nos dio el tiempo. Con ellos tomamos café, fuimos a un mesón español y volvimos a tomar café. Caminamos michísimo y disfrutamos tanto que es indescriptible. Ya quedamos para volver a vernos. Hasta me tuvieron paciencia con las fotos y salvo el último café, no nos dejaron pagar nada, ya nos desquitaremos cuando vayan a Israel.

El día aún no ha terminado. Yo siento que estoy viviendo un sueño, aún no me lo creo. Veremos que nos espera mañana, ya les contaré entonces.

 

Sábado 20-02-2016 Madrid, España.

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ENTREVISTA RADIAL

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En la radio de Burjassot, Valencia, España,  mi marido y yo hemos sido entrevistados maravillosamente por María Llopis Tena. Nos hemos sentido muy cómodos y este fue el resultado:

 

INVITACIÓN ESPECIAL

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Quiero invitar a todos mis lectores: los invisibles y los que eligieron seguir el blog, los que alguna vez comentaron y los que han puesto algún me gusta, los que llegan a través de mi Facebook y los que me encuentran a través de las etiquetas de Google, los que coinciden conmigo y los que no, a todos absolutamente, a acompañarme en la próxima concreción de uno de mis tantos sueños.

Como pueden leer en Sobre Mí, soy fotógrafa. También algunos habrán leído algunas de mis notas relacionadas con una exposición de mis fotos en la ciudad donde vivo, Nahariya. También me habrán leído muchas veces diciendo que soy una mujer soñadora. Y todo eso tiene que ver con esta invitación.

El 22 de febrero del 2016 a las 19:00 horas, en la sala A de la sala de exposiciones del Ayuntamiento de Burjassot, Valencia, España; se llevará a cabo la apertura de una exposición de mis fotos de Israel. La misma estará disponible para su visita hasta el 04 de marzo del 2016.

Pero dije que era la concreción de uno de mis sueños y ahora me toca explicarlo. Habiendo ya participado de otras exposiciones colectivas, cuando expuse yo sola en Nahariya ya sentí que era algo maravilloso. Sin embargo no me conformé y seguí deseando concretar más metas. Una de ellas era la de exponer en España. No sabía cómo conseguirlo, me parecía imposible, pero no me di por vencida.

Un día, en Facebook, comenté sobre ese anhelo. Una amiga que había vivido en Burjassot se ofreció a ayudarme y me puso en contacto con alguien del ayuntamiento. Luego, con el suelo ya abonado por ella, seguí yo. La respuesta positiva fue casi inmediata y fue mientras estaba esperando que entraran algunas personas a la exposición de Nahariya. La ansiedad por contarlo, por salir corriendo y gritarlo a los cuatro vientos, es indescriptible. Se acerca el gran momento y me gustaría contar con la presencia de todos los que pudieran llegarse hasta allí.

Igual no soy nada conformista, y ya me estoy trazando nuevas metas para las cuales he empezado a sembrar. Confío en que Elohim*, una vez más, me ayude a seguir cosechando. Mientras tanto, ya empecé a vivir este sueño del que les contaré los resultados a mi regreso. Felices sueños para todos.

*Elohim: D´s.

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BER SHEVA ES UN DESFILE

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Hay que tener en cuenta que estuve sólo unas cuantas horas de un único día y que por ende, no conociendo además la zona, me limite a una parte acotada de la ciudad. Sabiendo esto, sabrán que me refiero en todo momento a la experiencia vivida por mí y que bajo ningún concepto es una descripción fidedigna de la vida allí.

Teniendo en cuenta que no conozco la ciudad, los consejos de una amiga que sí reside allá, que ya hubo un atentado en la misma y el motivo específico que me llevó a ella (tomar fotografías nuevas), busqué ser prudente. El día anterior traté de organizar mi viaje. Busqué en Internet qué había y qué me convenía visitar, lo consulté con la amiga antes mencionada, verifiqué que hubiera una manera sencilla de viajar (en mi caso se traduce en tren y tracción a sangre, la de mis dos piernas), revisé horarios del tren, me anoté el recorrido que debía hacer, planeé lo que debía llevar, el horario que necesitaba levantarme y me fui a acostar tranquila pensando en el día siguiente.

El viaje de ida duró tres horas y veinte minutos. Largo, pero bastante soportable teniendo en cuenta la comodidad de los trenes israelíes, al menos hasta que se empieza a llenar de gente y una se pregunta por qué no fue al baño unos minutos antes (levantarse significa perder el asiento). Tratando de contener mi vejiga, aproveché el Wi-Fi del tren que es gratis y traté de distraerme con videos de You Tube. Debo confesar que la necesidad de eliminar líquido no era lo único que me preocupaba. Mi amiga me había explicado que por la zona donde yo quería ir, había muchos musulmanes. Cualquiera que sigue mi blog sabe que estoy lejos de discriminar a nadie. Sé, me consta, que no todos los musulmanes son terroristas. El problema es, que al menos en Israel, todos los terroristas son musulmanes. Y por muy integradora que sea una, es difícil diferenciar sin conocer a alguien cuál es el bueno y cuál el malo. 

Confiando en Elohim* e ilusionada me bajé en la estación dispuesta a correr al baño de damas, en el cual había una larga cola de mujeres esperando el turno con la misma esperanza que yo. Cuando al fin salí, me encontré con que habían dos salidas. Queriendo seguir mis anotaciones, pregunté a un empleado por cuál me convenía ir. Lo recuerdo ahora y me lo imagino como el lobo de Caperucita Roja ¡¡¡NO VAYAS POR AHÍ, ES EL CAMINO MÁS LARGO. YO TE PROPONGO UNO MÁS CORTO!!! Quien asegure que los cuentos infantiles nos dejan alguna enseñanza, nunca se encontraron con un lobo. A pesar de toda mi prudencia decidí hacerle caso para ahorrar tiempo. A los pocos metros ya me estaba arrepintiendo ¿Para qué lado me dijo que estaba el primer semáforo, para la derecha o para la izquierda? Mientras dudaba me encontré con una señora que, cámara en mano, estaba tomando fotos a unas hermosas rosas. Pero era rusa, casi no hablaba hebreo y no sabía dónde quedaba el pozo de Abraham, que es a donde yo pretendía llegar. Varios fueron los preguntados, nulas las respuestas. Hasta que un taxista me dijo que caminara hacia allá y eso hice. Cuando estaba por desesperar, pregunté a alguien que le faltó poco para decirme: HAY QUE SER IDIOTA PARA TENER ENFRENTE LO QUE SE BUSCA, CON UN CARTEL GIGANTE Y PREGUNTARME A MÍ. No me lo dijo, pero seguro que lo pensó y yo queriendo que me trague la tierra. Como la tierra no me tragó, simplemente crucé la ruta (en Israel muchas avenidas son rutas).

Estaba sinceramente ilusionada con sacar fotos a algo que había leído en el Tanaj** tantas veces. Pero me duró poco. No se puede sacar fotos al pozo de Abraham, hay que tramitar cien mil permisos y eso lleva mucho tiempo. La pobre empleada parecía realmente apenada por no poder ayudarme y me acompañó un pequeño tramo para aconsejarme a dónde y por qué camino ir. Le confesé que estaba un poco asustada, que me había impresionado ver a muchas mujeres que llevaban trajes que dejaban libres sólo sus ojos. Son las menos peligrosas, me dijo, son beduinas. 

Sabiendo ya que el riesgo era menor al que parecía, pero sin dejar de lado la prudencia, me encaminé al museo de arte que me había recomendado, mientras hablaba por teléfono con mi amiga que me decía que por ahí había una peatonal muy linda en tanto pasaba al lado de ella. El museo resultó estar cerrado los domingos, así que aproveché que estaba en una calle que me parecía muy pintoresca y me puse a hacer aquello a lo que fui. Asegurándome en todo momento de tener mi espalda cubierta por una pared, un árbol o un poste grueso de electricidad.

Y he aquí, ya casi en el final, lo que motivó el título de esta nota. He visto todos los trajes típicos que existen, creo, dentro de la comunidad árabe. Hermosos vestidos bordados, mujeres con pañuelos en la cabeza, mujeres vestidas completamente de negro que sólo dejaban ver los ojos, mujeres con vestidos negros y pañuelos blancos (creo que son drusas, en Nahariya son mayoría las árabes que se visten así), mujeres con vestidos negros bordados y coloridos pañuelos, mujeres con jeans ajustados y pañuelos que enmarcan la cara. Y también habían judíos religiosos, con poca variedad. Si bien la mayoría los crucé en mi camino, muchos estaban en el mercado; donde un grupo de judíos religiosos rezaban a coro, mientras al lado pasaba una mujer árabe comprando vestida con uno de los atuendos típicos.

Y esa es la maravilla de Israel, un país donde a pesar de guerras y atentados, es posible la convivencia. Como me dijo un árabe que tenía ganas de charla: no hay país como Israel, para ser maravilloso, sólo le falta tener paz.

*Elohim: D´s.

**Tanaj: Antiguo Testamento.

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