MEMORIAS

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«Cuando yo era pequeño…» comenzó a contar don Elvio. Pero no pudo terminar, Rodrigo bajó corriendo de sus rodillas y desapareció por la puerta que daba a su habitación. El anciano se quedó cavilando. Pensaba que las nuevas generaciones estaban siempre muy apuradas. Pero le sorprendió el desprecio de su nieto, porque siempre lo escuchaba de buena gana.

El nieto apareció con la misma rapidez con la que había desaparecido antes. Traía en sus pequeñas manos un block de hojas de dibujo y en la otra una caja de crayones. El abuelo no le reprochó nada, al contrario, lo miraba con orgullo. A su corta edad, el pequeño era un gran artista. No hacía falta nunca preguntarle qué representaban sus dibujos, se entendían con toda claridad.

El niño buscó en su block, bajo la atenta mirada del abuelo, una hoja en blanco. Giró todo el resto hasta dejar hacia arriba sólo esa hoja. Abrió la caja de colores, los sacó con cuidado y los distribuyó prolijamente para poder usarlos con comodidad. Se recostó en el piso, miró a los ojos a don Elvio y le dijo: «»ahora sí, te escucho».

El anciano que ya estaba absorto observándolo, salió de repente de su ensimismamiento y trató de reaccionar intentando entender. Entonces comenzó a contarle sobre su infancia, historias que eran nuevas para Rodrigo. Cuando aún la leche venía en botellas, cuando se repartían a domicilio igual que el hielo, cuando las bolsas de los almacenes eran de papel madera y aún existía el tranvía. Le relató cómo los niños aprovechaban el momento en que los adultos se distraían con los repartidores para hacer travesuras. Y mientras se dejó llevar por la nostalgia, el abuelo se puso de pie y se asomó a la ventana desde la que se veía con tanta claridad el aljibe en el centro del patio…

Don Elvio, olvidándose que estaba siendo escuchado, se dejó llevar por los recuerdos. Verbalizaba sus memorias, olvidándose que tenía público. Habló del aljibe que también había en el patio de su casa, del miedo que tenían los adultos a que los niños se cayeran por él y las historias tétricas que inventaban para que se mantuvieran a distancia. Ellos decían no creerlas, pero mejor, por las dudas ¿para qué acercarse? De repente su nieto lo interrumpió: «listo». El abuelo recordó de repente que no estaba solo y miró su mano extendida. Allí, en el dibujo que el niño le presentaba, estaban reflejados todos sus recuerdos.

El abuelo no se separaba nunca de aquella obra de arte que su nieto había dibujado junto a él. Le fue muy útil cuando la memoria empezó a tener algunos agujeros primero, lagunas mayores después. Lo miraba y le ayudaba a refrescar un poco lo que ya había olvidado. Su nieto comenzó a ayudarle hablando de lo que se podía ver en él cuando ya no le alcanzaba con mirarlo…

Rodrigo está parado junto a la ventana, casi en la misma posición en la que estaba don Elvio cuando le contó sus historias de aljibe. Habían pasado muchos años, se habían mudado varias veces desde entonces, fue extraño que sus pasos lo llevaran nuevamente hasta allí. Pero aquel niño devenido en hombre, tenía a su lado un caballete con un lienzo, unos pinceles y unos pomos de colores al óleo. Se volvió hacia la tela, y mirando cada tanto a la ventana, comenzó a pintar sus propias memorias.

VERSIÓN1

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Y YA VAN TRES

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Imperdonable. El 26 de noviembre Filoideas cumplió ya tres años y pasó sin pena ni gloria. Hago un mea culpa. Llevo varios días en los que tengo al blog bastante abandonado y eso me lleva a disculparme con todos mis lectores. 

Ante todo quiero agradecer a quienes me siguen por distintos medios: redes sociales, buscadores de Internet, correo electrónico y el propio WordPress. Si este blog se mantiene y sigue adelante en el tiempo, no es sólo debido a lo que escribo y comparto, sino más que nada a que ustedes existen y muchos me alientan de distintas maneras y por diversos medios a seguir adelante. GRACIAS A TODOS.

Pensando cómo celebrar este nuevo aniversario, se me ocurrió que una buena opción era extraer de aquellos artículos que ustedes han hecho más populares leyéndolos y compartiéndolos, frases o párrafos que pudieran despertar la curiosidad de quienes aún no los han leído o que por si mismos tengan un contenido importante. Cada uno estará enlazado a la nota correspondiente por si desean leerla. Elegiré tres de los más populares de cada año. Espero que los disfruten y les guste.

*»Empezamos a entender que vivíamos insertos en una cultura diferente, que los extranjeros éramos nosotros y que no podíamos esperar que todo un país se adaptara a nuestra cultura, si no más bien, debíamos procurar que pasara todo lo contrario.»

*»Llega esta época del año y la gente corre para comprar comida, se atiborran de ella, beben mucho, se reúnen con familia y amigos, se pelean con algunos parientes, tiran fuegos artificiales, el hospital oftalmológico y del quemado aumentan su trabajo, se recuerda a los que ya no están, invitan al que está solo y muchos reflexionan de lo que ha sido el año para ellos, hacen un balance, se plantean nuevas metas y propósitos que suelen quedar en el olvido a los pocos días.»

*»En realidad exageraba un poco, porque fuera de lo que conté, sonámbula sólo he llegado a meter la gata en el lavarropas, tirar la computadora recién comprada a la basura y arrojar por la ventana al perro. Tampoco es que fuera siempre tan violenta.»

*»Ayer mi hijo mayor nos preguntó si tantos años juntos no nos aburría. Le explicamos que no. Básicamente, los primeros años de una pareja son para conocerse, profundizar en el conocimiento mutuo y aprender a convivir. Pero con los años, cambia la perspectiva, ya nos conocemos y nos volvemos cómplices.»

*»Es muy fácil caer en el facilismo del juicio, lleva menos tiempo y trabajo, aunque lastima más a otros y a la corta o a la larga, a uno mismo.»

*»Eso ha llevado a tener que poner en juego una enorme creatividad en peinados. No sirve cualquiera, tienen que ser de tal índole que el pelo pueda permanecer recogido mientras crece y distribuyéndolo de tal manera que no impida caminar por peso y falta de equilibrio.»

*»Cuando nos reímos, la risa lo ocupa todo, nos impide pensar, reflexionar. Además, cuando uno está feliz, no suele hacerse planteos de ningún tipo, simplemente se disfruta la felicidad. Pero cuando estamos pasando por un momento doloroso, cuando lloramos, cuando estamos tristes, es natural hacernos preguntas y no se nos dificulta razonar. Una pregunta puede llevar a otra y la necesidad de encontrar respuestas a lo que estamos viviendo nos lleva a aprender cosas que nunca hubiéramos aprendido de otro modo.»

*»Aunque tuviéramos la ciudadanía desde el principio, no era un papel el que nos hacía sentir un ciudadano más, si no saber que estábamos participando de esta sociedad, sentir que estábamos colaborando con nuestro pequeño granito de arena en la toma de decisiones. «

*»He visto todos los trajes típicos que existen, creo, dentro de la comunidad árabe. Hermosos vestidos bordados, mujeres con pañuelos en la cabeza, mujeres vestidas completamente de negro que sólo dejaban ver los ojos, mujeres con vestidos negros y pañuelos blancos (creo que son drusas, en Nahariya son mayoría las árabes que se visten así), mujeres con vestidos negros bordados y coloridos pañuelos, mujeres con jeans ajustados y pañuelos que enmarcan la cara. Y también habían judíos religiosos, con poca variedad. Si bien la mayoría los crucé en mi camino, muchos estaban en el mercado; donde un grupo de judíos religiosos rezaban a coro, mientras al lado pasaba una mujer árabe comprando vestida con uno de los atuendos típicos.»

*»También contamos con algunas adhesiones que fueron leídas de quienes lamentaron no poder estar con nosotros, entre ellas: la madre del Fiscal Dr. Alberto Nisman y el audio de la artista Teresa Rosenfarb (argentina radicada en E.E.U.U.), quien junto con su esposo, el artista Daniel Dunkelman, donaron el monumento que fue obra del escultor Israel Ghelman.»

Una persona con cierta adultez y madurez no puede tener un pensamiento tan lineal, debe ser capaz de ver todos los factores que llevan a cada consecuencia«

*»Te lastimé, te hice mucho daño por dejarme guiar por mis pasiones. Caí muy bajo y perdí lo más preciado que tenía en mi vida, tu amistad. Alejé por el mismo motivo a otras personas y ahora me tengo que despedir por carta, porque soy incapaz de llamarte. No por orgullo esta vez, por vergüenza de mí misma.»

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HOY COMO AYER

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Hoy mi hijo mayor cumple 23 años, todavía me cuesta creerlo ¿Cuándo pasó? Hace unos días, en Facebook, saqué a relucir una nota que escribí cuando cumplió los 19. A mí marido le gustó tanto que me pidió que la compartiera en el blog, así que aquí está, a pedido. Dedicada a mi príncipe mayor en su cumpleaños y a mi esposo que hoy cumple también 23 años de ser papá por primera vez, como yo de ser madre:

Cuando nos embarazamos por primera vez, empezamos un largo y maravilloso camino, el de la maternidad. Tiene sus momentos duros, difíciles, pero también momentos hermosos, llenos de ternura, aprendizaje y sobre todo y en todo momento: mucho amor.
Cuando Ezi, mi hijo mayor, era chiquito, me encontré en el colectivo con una señora que viajaba con su hija algunos años más grande que mi nene. Me dijo algo que me dolió en el alma, sobre todo pensando en su hija: «disfrutalo mucho, porque después se hacen más grandes y ya no tienen tanta gracia» (no me acuerdo si fueron las palabras exactas, pero sí la idea). Me quedé mirándola mientras pensaba: «no me gustaría ser tu hija». Luego le respondí: «cada etapa tiene algo para que disfrutemos con ellos, todas las etapas de nuestros hijos son hermosas».
Cuando Ezi tenía sólo unos días de nacido en el hospital, una enfermera envidiosa, viendo lo maravillada que estaba yo con mi primer hijo me dijo: «los chicos que son tan lindos de bebés, cuando crecen se ponen feos. Lo sé, pasó con unas sobrinas mías». No podía creer que le estuviera diciendo eso a una primeriza, recién operada y que estaba disfrutando de su bebé. Ezequiel creció y es hermoso, y aunque no lo fuera para otros, siempre sería bellísimo para mí, porque lo veo con ojos de mamá.
Ezi cumplirá 19 años el jueves que viene, y con él, yo cumpliré 19 años de ser mamá. Estoy muy orgullosa de él, ya es un hombre sensato, sano de cuerpo, mente y alma. Cada etapa, como le dije a la señora del colectivo, la disfruté. Y aunque a veces sus pavadas me hacen enojar, también me hacen reír. Soy feliz cuando me propone salir a caminar juntos y tenemos esas conversaciones que se convierten en consejos de mamá a hijo y a veces también de hijo a mamá. Algunos de los consejos, parece que los despreciara, pero yo sé que los atesora y guarda cada una de mis palabras, porque en algún momento, siempre salta una demostración de que lo hizo. Y disfruto cuando vamos a tomar algo los dos juntos o cuando aún me pide que lo acompañe y busca mi apoyo.
Mi hijo ya es un hombre, y aún no terminé de adaptarme a su adolescencia que ya está empezando a salir de ella y a despegarse cada vez más de mí. Y aunque el despegue sea doloroso, eso también lo disfruto, porque sé que puedo confiar en él y que él sabe bien que estaré aquí, siempre para él.

MI PICHÓN MAYOR

-Mi hijo mayor y yo, cuando tenía sólo 5 días de vida. Evidentemente, la foto no la tomé yo.-

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SENTIDO DE PERTENENCIA

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Tengo muchos amigos españoles y en el año 2012, descubrí que también tengo una mínima parte de mi familia de ascendencia española. Será quizá por ello que me importa tanto lo que le pasa a España. Tengo la costumbre de no quedarme con una sola campana. Para enterarme de la realidad de otros países, no me basta con los medios informativos (si acaso como disparador, como base para empezar a buscar más información). Prefiero leer y escuchar a quienes viven allí, sean de la ideología que sean y trato de formarme mi propia opinión luego de prestar atención a cada postura. Hoy pensaba en el tema del independentismo en Catalunya y ello me llevó a ir más allá en mis reflexiones. Pensaba que si bien ahora está en el candelero el tema catalán, la verdad es que también hay otros pueblos de España que también quieren ser independientes.

     En mi país de origen, Argentina, ninguna provincia por ahora exigió la independencia, pero sospecho que no por falta de ganas. Si se habla con gente de distintas provincias, verán que hay muchas personas en algunas de ellas que no se sienten argentinas, no se identifican con el país. Como para muchos españoles (por lo que he podido oír y leer) Madrid y España son sinónimos, otro tanto pasa con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Argentina. Supongo que lo mismo pasará en otros lares. Entonces, quizá, sea hora de reflexionar sobre este punto. Será cuestión de ahondar en este tema y buscar una solución antes de que las cosas lleguen tan lejos que se proponga la desunión de un país.

El sentido de pertenencia no es innato, no es heredado, se genera. Es algo que se trabaja desde la familia en primera instancia y luego a nivel social con los pares, con el equipo de fútbol, con una ideología… Se empieza a generar desde el amor y se continúa con la identificación. Eso a un nivel primario, pero cuando hablamos de un país, hay otras cosas a tener en cuenta. Si una provincia se ve a si misma desprotegida, por ejemplo, abandonada o no tenida en cuenta y ve que la mayor parte de la atención se centra en la capital del país, se generará algo parecido a la competencia entre hermanos primero. Si no se percata nadie de ello, si nadie lo frena, crecerá hasta un nivel que podríamos llamar cainiano, donde el que se siente menospreciado (tenga o no razón) estará dispuesto a incluso matar a su hermano para ganar preponderancia.

Por lo que tengo entendido, los independentistas catalanes hace muchos años que vienen reclamando lo mismo. Nadie atendió a ese reclamo, nadie buscó la verdadera raíz, porque si lo hubieran hecho, lo podrían haber detenido. Pero no pasó y el tema fue creciendo de tal modo que fueron ganando cada vez más adeptos y llegó un punto en que ya fue casi imparable. Escuchaba a los políticos contrarios al independentismo echarles la culpa a los propios independentistas de haber llegado a tener que aplicar el artículo 155 de la Constitución Nacional. Y tienen razón cuando dicen que es legal, es cierto, indudablemente cierto. Pero también es verdad que si bien los independentistas son responsables por haberse saltado la ley, el gobierno español no es menos responsable por haber permitido que las cosas lleguen hasta ese punto, nada pasa porque sí.

Anoche conversaba con una argentina que vive en Lleida (Catalunya). Ella es independentista. Tengo también una amiga que vive en su misma ciudad desde hace muchos años, también argentina de origen, que vivió muchos años en Israel y que está en contra de la independencia de Catalunya. Es interesante este tema, porque siendo que ninguna de las dos nació allá, una logró la identificación sólo con la región en la que está subscrita su ciudad y la otra también con el país. Qué lleva a que dos extranjeras se adapten a su zona nueva de manera tan distinta. Quizá allí también hay otro hilo del que tirar para tratar de buscar la solución a lo que, sin duda alguna, España vive como un gran problema.

En todo esto hay otras cosas que llaman mi atención, pero ya es adentrarse en el tema independentista directamente. Por ejemplo: la persona con la que comenté que estuve conversando ayer a la noche, me decía entre otras cosas, que la juez que lleva el caso es afiliada al PP. Si eso es cierto me parece gravísimo, porque podría estar hablando de que la justicia no está tan independizada del gobierno como lo venían proclamando. Quizá habría que pasarle la causa a otro juez que no tuviera filiación política alguna… U otra solución que desconozco. También argüía que no quedaba más remedio que saltarse la ley para cumplir con su propósito independentista, ya que los miembros del PS venían prometiendo desde el 2012 que propondrían cambiar la Constitución en el Congreso y nunca cumplieron. Y ese razonamiento me hizo mucho ruido. Porque si es válido para un gobierno saltarse la ley con la justificación de un propósito, nadie podrá detener nunca más a un delincuente en Catalunya (y en España quizá tampoco) porque sienta precedente. Si es válido para quien gobierna infringir la ley, es válido para todos.

Creo que en un conflicto como este, es injusto decidir quién es culpable (de saltarse la ley sí hay claramente responsables, no me refiero a ello). Entiendo que vale la pena profundizar en las raíces reales, que van más allá de la historia (busqué en Internet al respecto y los historiadores tampoco se ponen de acuerdo), está relacionado con lo que hablaba al principio: el sentido de pertenencia.

Amo a mis amigos españoles, sean o no catalanes, independentistas o no. Por eso deseo profundamente que se solucione este problema, que no se haga más profundo, que puedan resolverlo desde la raíz y que todo sea haga con paz, entendimiento, amor y respeto mutuo. Tuve el enorme placer de viajar a esa hermosa tierra en dos ocasiones (incluyendo parte de Catalunya) y espero poder hacerlo una tercera vez muy pronto (si Elohim quiere) y encontrar a la gente más relajada, con la calidez que caracteriza a todo el pueblo español.

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-Lleida, Catalunya, España. Año 2016-

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HUIDA

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Cuando mis tres hijos que estaban fuertemente abrazados a mí y yo que los rodeaba con mis brazos de tal forma que parecían haberse multiplicado salimos volando por la ventana rumbo a horizontes desconocidos, no tuvimos miedo. Ni siquiera sentimos sorpresa. Todo ocurrió de una manera tan natural, que tuvimos la sensación de que no podría haber ocurrido de otra manera.

     El día en que los representantes de la municipalidad de la ciudad vinieron a avisarnos que deberíamos desalojar la villa porque allí se construiría una bajada de la autopista, fue muy duro para todos. Cada uno reaccionó de una manera diferente. Algunos se enojaron con esos hombres, querían golpearlos. Se llenaron de ira, de odio, de desesperación. Yo no. Había que buscar una solución, no tenía tiempo para odiar. Fue peor aún, cuando con total falta de empatía, esta gente dijo que debíamos estar agradecidos porque nos avisaban con tres meses de anticipación y que además les darían trabajo en la construcción a quienes estuvieran en condiciones físicas para una labor dura. Es decir, nuestros hombres trabajarían en lo que ocasionaba el desalojo de sus familias y de ellos mismos.

     Aquel día no pude dejar de pensar, todo me daba vueltas en la cabeza, mis hijos me hacían preguntas para las que no tenía respuestas y mi marido no dejaba de dar vueltas de un lado al otro gritando e insultando al intendente y su séquito. Casi no probamos bocado, ninguno de los cinco, estábamos demasiado preocupados y angustiados como para poder comer. En la cama no dejaba de pensar, todos nos mantuvimos en vela. Fui a ver  mis hijos y dos de ellos tenían lágrimas en los ojos. El tercero me preguntó: -¿Qué vamos a hacer ahora, mamá?- sólo pude abrazarlo.

     A pesar de todo la vida sigue y mis hijos debían ir a la escuela. No era cerca, estaba como a cincuenta cuadras de casa, pero no había otra más próxima y yo no quería que ellos dejaran de aprender. Por falta de dinero íbamos caminando. A pesar de ello, jamás llegaron tarde, salvo ese día. Con los ojos húmedos y la voz avergonzada, los disculpé con sus maestras y las puse al tanto de la situación. Ellas siempre nos pusieron de ejemplo y me dijeron que si había alguien que no tenía nada por lo cual avergonzarse era yo. Les expliqué que nuestro retraso se debió a que vine todo el camino mirando hacia todos lados, por si acaso veía alguna oportunidad o solución. Les pedí que nos avisaran si se enteraban de algo. Me prometieron que así sería.

     Volví a casa por un camino diferente, no había llegado ni a la mitad cuando la vi. No entendía cómo no se me había ocurrido antes. Cuando era un museo y necesitaba hacer tiempo, había entrado muchas veces allí. Me encantaba ver esa historia tan remota que a través de los objetos parecía revivir. Sentí mucha pena cuando cerraron sus puertas porque decidieron trasladarse a un lugar más céntrico. Desde entonces, esa vieja casona había estado abandonada y en ruinas. Era ideal, tenía muchas habitaciones muy amplias. Corrí a casa para contarles a los vecinos y nos faltaron las manos para empezar la mudanza. En un día ya estábamos instalados.

     Entre todos la limpiamos y arreglamos los desperfectos con lo que teníamos y encontrábamos a mano. Estaba feliz de poder darles la buena noticia a mis hijos cuando fui a buscarlos al colegio. Ese día estábamos tan ocupados que no tuvimos tiempo de caer en la cuenta de que era una solución provisoria, que necesitábamos un lugar fijo, nuestro, del que nadie pudiera movernos. Reaccionamos a ésto cuando llegó el momento de descansar, cuando empezaron a fallarnos las fuerzas y empezó a decaer nuestro ánimo.

     Ante la adversidad, cada uno reacciona como puede. La mayoría tratamos de buscar la manera de pensar lo menos posible, de huir de nuestra propia mente que nos acosa con preocupaciones. Unos lo hacen drogándose, otros mediante el alcohol, hay quien se va de fiesta hasta bien tarde y quien elige dormir lo más posible. Yo me acerqué a la ventana de la maceta florida, no miraba al patio, al aljibe, a la calle, a la reja de entrada ni a la gente que pasaba frente a la puerta. Nadie lo entendía, yo miraba más allá, a esos parajes que siempre soñé conocer y nunca tuve la posibilidad. El día que mis hijos llenos de angustia vinieron a abrazarme para decirme que unos representantes de la municipalidad nos dijeron que debíamos dejar la casa porque iban a construir un Centro Cultural para el barrio allí; los miré, sonreí y huimos.

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DE INCÓGNITO

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     Lila estaba jugando junto a la ventana. Pasaba muchas horas en ese sitio porque es donde entraba más luz del sol y amaba eso y la calidez que le brindaba. Tenía seis años, pero era muy tranquila, no le gustaba alborotar como a la mayoría de sus amigas de la escuela. Su inteligencia sobresaliente hacía que siempre buscara juegos donde pudiera aplicar su creatividad y razonamiento, como en aquella ocasión. Estaba muy entretenida, sintiéndose feliz con lo que hacía cuando escucho una música nada armónica. Sorprendida y pese a que lo tenía prohibido por su peligrosidad, se asomó a mirar al patio para ver quién era aquel músico tan malo. Al acercarse a las hojas de la ventana, una persistente mosca huyó por unos segundos de ella. La música cesó de repente y Lila extrañada volvió a su juego como la mosca a la ventana. Aquel sonido discordante volvió a sonar muy cerca de ella. Esta vez, la niña decidió pararse y mirar la ventana, tratando de entender. Se quedó muy quieta, como cuando jugaba con sus primas a las estatuas. Observando atentamente se dio cuenta que la música se oía cuando la mosca chocaba con las hojas de la ventana.

     Ésto sí que la sorprendió enormemente. Le habían contado muchos cuentos donde habían grillos y ranas musicales, incluso uno de un burro flautista… Pero moscas… Lo único que le constaba de esta clase de bichos es que eran muy molestos y algo le decía en su cabecita que no era este insecto el que estaba produciendo ese sonido. Se acercó nuevamente a la ventana, mirando para todos lados, asegurándose que nadie con autoridad para retarla la viera y con mucho cuidado, tocó la ventana con sus pequeños dedos. Y entonces comprobó lo que sospechaba, la música no la producía la mosca, sino su contacto con el vidrio, que sí era musical. Su mamá la había obligado a estudiar piano, ya sabía las notas y algunas piezas sencillas. Pronto descubrió que en el cristal, del lado de afuera, había un pentagrama invisible. Colocando los dedos en cada línea que pudo percibir, descubrió las notas y pudo reproducir algunos de las melodías aprendidas en sus clases.

     Lila se olvidó de su miedo a que la retaran, llamó a los gritos a sus padres muy entusiasmada. Vinieron corriendo, porque no era propio de su hija hacer bullicio. Les contó lo descubierto y los papás tras comprobarlo estaban tan asombrados que se olvidaron de llamarle la atención por acercarse a la ventana. Su padre se puso a hacer averiguaciones y pronto descubrió cómo era posible. El vidriero que cortó el vidrio para aquella ventana era un músico frustrado. Había querido ser arpista toda su vida y, al no tener el apoyo de sus padres, se limitó a estudiar música a escondidas. Pero su pasión era tan grande, tan inmensa, que volvía musical todo lo que podía. Tenía la precaución de colocar sus creaciones del lado de afuera, para que no fuera fácilmente descubierto. Fue así, que en los más grandes e importantes edificios de la ciudad, habían muchos vidrios musicales que seguían de incógnito. Sólo éste había sido descubierto, gracias a la curiosidad de una pequeña niña.

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POR AMOR AL ARTE

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     Ramón llegó media hora antes de lo acordado intencionalmente. Tenía la excusa perfecta, se había llevado un libro para argüir que quería leerlo al sol, apoyado en el aljibe del patio, su sitio favorito del Centro Cultural. Elvira se lo creería sin problemas, sabía que en su casa no podía tener la paz que él quería para dedicarle tiempo a la lectura. Se le ocurrió esa idea para evitar discusiones con ella. Y es que nunca sabía a qué atenerse en cuestiones horarias  con su amiga. Si llegaba temprano ella le protestaba porque la hacía sentir mal por haberlo hecho esperar, ya que a ella no se le había ocurrido llegar antes. Y que si podía más temprano se lo hubiera dicho, que ella se adaptaba, que parecía que a él le gustaba sufrir (sin que él se hubiera quejado). Si Ramón era puntual, le recriminaba ser tan exigente consigo mismo, que luego andaba estresado todo el día y eso le impedía disfrutar de la vida. Y mejor no llegar tarde, porque su enojo le podía llegar a durar un mes sin querer volver a encontrarse. Que si no tenía ganas de verla no estaba obligado después de todo. Pero él no se quejaba, lo soportaba estoicamente porque fuera de la obsesión temporal, Elvira le parecía perfecta, la mujer ideal para cualquier hombre. Era paciente, sabía escuchar, no hablaba demasiado pero tampoco se quedaba sin tener nada que decir. Era inteligente, culta, simpática y tenía mucho sentido del humor. No era dependiente y sabía dar su espacio al otro. Ramón suspiraba por ella en silencio, nunca se lo había dicho. Pero no pasaría de hoy. Le abriría su corazón sin tapujos ni dilaciones, sabía que a Elvira le gustaba la sinceridad.

     Ramón se puso a leer para tratar de distraerse, que su excusa fuera creíble y poder relajarse antes de que su amada llegase. Había empezado a hacerlo con mucha concentración e interés cuando un avioncito de papel aterrizó sobre la página que estaba leyendo. Un poco molesto miró a su alrededor. La única ventana abierta era la que daba directo hacia donde él estaba sentado, la de las azaleas, la preferida de Elvira. Pero allí no había nadie. Pensó que quizá el viento lo había traído de otro lado y no le dio mayor importancia. Continuó con su lectura y apenas había avanzado cuando un nuevo avioncito de papel se enredó en su enrulado cabello. Volvió a mirar hacia la ventana, pero una vez más la vio vacía. A la tercera interrupción con el mismo método decidió subir al primer piso en el que se encontraba la ventana. Quizá Elvira había llegado más temprano y le estaba haciendo una broma tratando de llamar su atención. Subió corriendo y gritando: -basta, Elvira, ya sé que sos vos ¿dónde estás?- Pero no había nadie allí. Empezó a tensarse, a ponerse nervioso, no entendía a qué estaría jugando su amiga esta vez. Se apuró hacia el aula de pintura gritando: -Elvira, ¿dónde te metiste?- Viéndolo a su profesor que lo miraba asombrado y preocupado le preguntó si la había visto, si había entrado al aula. El profesor lo observó seriamente diciéndole que no tenía ninguna alumna con ese nombre. Ramón lo miró: -No puede ser, ella se sienta siempre a mi lado- dijo ubicándose frente a su último cuadro sobre el que estaba trabajando, una pintura de una hermosa mujer con un fondo de muchos relojes distintos que marcaba cada uno una hora diferente.

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Cuentos de LA Ventana

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     Las historias que relataré a continuación, tienen como protagonista, escenario, fondo y participante a LA ventana de una antigua casa porteña. No son distintas, es siempre la misma. Parte desde la construcción de la vivienda, a su lado han pasado toda clase de cosas. Edificada para ser habitada por una familia, se han mudado distintas generaciones, se ha convertido en museo, ha estado abandonada y ha alojado en ella a gente que buscaba dónde guarecerse de manera provisional, la han reformado para convertirla en una hostería y actualmente funciona como Centro Cultural.

     La ventana es sencilla, modesta incluso. Da a un patio interior y no llama demasiado la atención ni es diferente a otras ventanas de la casa. Pero es la única que recibe a cualquier hora del día, luz directa del sol. Es una curiosidad arquitectónica que sin embargo nunca nadie se planteó. Tiene un alfeizar e incluso con los diferentes y tan variados usos que se le dió a la construcción, nunca le faltó una o más macetitas radiantes de flores. Será por eso que no ha habido nadie que no pasara o habitará por el lugar, que no se haya detenido al menos unos segundos a su lado. Y esa es la razón también de que ella tenga tantas historias vividas que creo que merece la pena conocer. Yo me he enterado de todas ellas, porque las ventanas tienen distintas maneras de contar sus cosas, sólo hay que saber interpretarlas.

     Podría, y a cualquiera le parecería lógico, relatar los cuentos cronológicamente, tal como han ido ocurriendo. Sin embargo mi memoria es caprichosa, por ese motivo los contaré según me vaya acordando. Y digo que son cuentos, no historias, porque la mente suele rellenar, adornar y a veces quitar cosas a los recuerdos.

     Los invito entonces, a conocer a mi ventana amiga.

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NO VALE LA PENA

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Rebeca y Margarita son amigas desde que se conocieron en el jardín de infantes. Vivieron muchas cosas juntas, guardaron secretos la una de la otra, fueron compañeras de travesuras en la infancia y confidentes en la adolescencia. Cada una fue testigo en el casamiento de la otra y cada una fue madrina del hijo mayor de la otra. Conocieron a quienes actualmente son sus maridos estando juntas, se casaron con apenas una semana de diferencia y quedaron embarazadas por primera vez al mismo tiempo. Ninguna de ellas se sintió nunca sola, porque sabía que contaba con la amistad incondicional de la otra.

Un día, Rebeca compartió emocionada y con entusiasmo en su muro de Facebook una foto en la que estaba dándole la mano al actual presidente de su país. Un hombre, según ella, que merecía un monumento porque era un gran político y mejor persona. Margarita tuvo que leer varias veces el mensaje y mirar la foto con detalle, intentaba ver si no era un fotomontaje. Se restregaba los ojos, estaba asombrada. Contestó al post con la incredulidad de quien conoce a la otra persona y le parece imposible que haya escrito algo así. Le dijo que no podía ser ella, que tenían que haberle hackeado la cuenta, que su amiga nunca apoyaría a semejante dictador populista y demagogo disfrazado de demócrata. Y ahí estalló todo. Rebeca reaccionó muy mal a ese comentario. Insultó a su amiga, la llamó ignorante, hueca, incapaz y cosas aún peores e irreproducibles. Margarita no salía de su asombro. Le dijo que no sabía quién era que se había apropiado de su cuenta, pero que lo iba a denunciar. Por cuidar a su amiga, le quiso mandar un mensaje de Whatsapp para avisarle. Para su sorpresa Rebeca la había bloqueado. Aún así no pensó mal de ella, supuso que le habían robado el celular y que así alguien había logrado entrar en su cuenta y escribir en su nombre. Así que llamó al teléfono de línea. La atendió su ahijado con mucha tristeza. Le dijo que no podía creer que su madrina le haya hecho algo así a su madre, que no volviera a llamar porque su mamá no quería saber más nada de ella. Margarita colgó el teléfono llena de dolor y sin entender nada de lo que estaba pasando. Luego descubrió que su ex amiga la había bloqueado en Facebook también.

Pasaron unos seis meses cuando Rebeca comenzó a sentirse muy mal. Notó unos bultitos en el pecho izquierdo, al lado de la axila. Se asustó mucho y pensó en llamar a Margarita para que la acompañara al médico, como siempre hacía cuando algo la asustaba. Entonces recordó que estaban peleadas y se sintió muy sola. No quería pedirle a su marido ni a sus hijos que la acompañaran, porque no quería alarmarlos. No sabía qué hacer. Cuando pasó lo de Facebook, algunos amigos le habían dicho que había exagerado, que Margarita no merecía esa reacción suya, que siempre había sido una buena amiga y que debería pedirle disculpas. Pero entonces Rebeca los insultó y bloqueó a ellos también. Pudo más su pasión política y su orgullo que los años de amistad y el enorme cariño que se tenían. Ahora estaba sola y asustada. No podía llamar a su antigua amiga, se sentía avergonzada y no sabía qué decirle.

Margarita se enteró de que le iban a extirpar un pecho a Rebeca casi por casualidad, cuando fue al hospital a acompañar a una sobrina que debía hacerse una ecografía por estar embarazada. Se cruzó con el marido de su ex amiga quien le contó la verdad con lágrimas en los ojos porque estaba preocupado y asustado. Le contó que su esposa la echaba mucho de menos y que lamentaba todo lo ocurrido. Mientras lo escuchaba, sentía mucho dolor y estaba dispuesta a pasar página, perdonar y acompañar a Rebeca en momentos tan duros… Hasta que el esposo dijo: si tan sólo vinieras luego de la cirugía y te disculparas con ella… Margarita sintió una profunda impotencia y sensación de injusticia. Respiró hondo para contenerse y le dijo que ella tenía su número y podía llamarla cuando quisiera, luego siguió su camino.

A pesar de la cirugía y el tratamiento de quimioterapia, Rebeca no logró vencer al cáncer. Cuando la operaron ya se había disparado hacia otras regiones de su cuerpo y, a los dos meses de la operación ya había hecho metástasis. Su marido no supo apoyarla y entenderla tras la cirugía y se separaron. Sus hijos se posicionaron al lado de su padre y ella se sintió incapaz de pedirle perdón a su amiga personalmente. Cuando se dio cuenta que le quedaba poco para morir, le escribió una carta a Margarita. En el sobre estaba escrito el número de teléfono de la destinataria y se la entregó a una enfermera para que a su muerte la llamara y se la entregara. El texto de la misiva era el siguiente:

Querida Margarita:

qué tonta y orgullosa he sido, y de qué poco me ha valido. Por defender a alguien que no era nada mío, pasé los peores y últimos días de mi vida sola y triste. Por supuesto, el Presidente jamás se enteró de mi dolor y aunque lo hubiera sabido, tampoco habría venido a acompañarme, consolarme y apoyarme como sólo vos sabías hacerlo. Ya lo sé, es tarde par pedir perdón, no puedo borrar ninguna de mis palabras ni mis acciones, que aunque pueda eliminarlas de mi muro de Facebook, sé muy bien que jamás se borrarán de tu corazón. Te lastimé, te hice mucho daño por dejarme guiar por mis pasiones. Caí muy bajo y perdí lo más preciado que tenía en mi vida, tu amistad. Alejé por el mismo motivo a otras personas y ahora me tengo que despedir por carta, porque soy incapaz de llamarte. No por orgullo esta vez, por vergüenza de mí misma. Espero que puedas perdonarme. Sabé que me voy pensando en vos y que te quiero. Con amor

Rebeca.

La enfermera conocía la historia, la propia paciente se la había contado para que ella no incurriera nunca en su mismo error. Así que la desobedeció. Llamó a Margarita, le contó brevemente la situación y le pidió que acudiera antes de que fuera demasiado tarde. No lo pensó, tomó sus cosas y corrió al hospital. La enfermera no le dio la carta. Entró a la habitación, Rebeca estaba tan cambiada, le costó reconocerla. Pero su sonrisa enorme cuando la vio demostraba que sin duda alguna se trataba de su amiga. Margarita no la dejó hablar, le dio un enorme abrazo. Luego Rebeca cerró los ojos, se fue tranquila, en paz y feliz de haberse podido encontrar con su gran amiga a tiempo. Entonces sí, la enfermera le entregó la carta.

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LA IMAGINACIÓN AL PODER

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¡¡¡EL PUEBLO, UNIDO, JAMÁS SERÁ VENCIDO!!!

¿Recuerdan cuando lo gritábamos llenos de fervor, ilusión, pasión y alegría? Fue en el pasaje entre dictadura y democracia y durante el comienzo de la democracia misma. Qué tiempos aquellos. Aunque la sociedad estaba dividida entre peronistas y radicales, nunca esa división llegó al punto de provocar peleas irresolubles en el seno familiar ni se perdieron amigos por esas diferencias. La gente tenía un punto de unión, la felicidad y esperanza por la llegada de la democracia. Había límites que el pueblo no estaba dispuesto a pasar, incluyendo los políticos. Fue así, que durante el cierre de campaña del justicialismo, Lúder (que hasta el momento se perfilaba como el más probable ganador de las elecciones) perdió muchísimos votos por causa de su compañero Herminio Iglesias que tuvo la poco feliz idea de quemar frente a todos un ataúd con la bandera de la UCR, ante la cara de espanto del candidato a Presidente de su propio partido. Pasó hace más de treinta años, pero tengo tan fresco el recuerdo por causa de lo mucho que me impactó, que podría haber sido ayer. 

Como soy una persona con mucha imaginación, no pude evitar extrapolar esa escena y llevarla a la actualidad. Me imaginé a la señora Kirschner y al Presidente Macri haciendo lo mismo. En el primer caso con la bandera de Cambiemos y en el segundo con la bandera kirschnerista. Entonces en mi mente apareció la reacción de la gente, que no habría sido la misma, ni siquiera de estupor. porque en el primer caso no me asombraría en absoluto (Macri tampoco me gusta pero no me parece tan posible que haga algo así). Me imaginé a los partidarios de cada uno aplaudiendo enfervorizados como locos y festejando la «gracia». Y lo digo con tristeza, porque visto desde la distancia, da la sensación que la sociedad argentina se enfermó tanto de odio que es capaz de pasar límites insospechados. Ya nada me asombraría que pudiera pasar a nivel político y social.

Sin embargo no soy una persona derrotista, soy escéptica; pero no pesimista. Por eso me permito ilusionarme que así como en este sentido la sociedad argentina cambió para peor, pueda mejorar algún día recuperando la unidad y el amor por la libertad de pensamiento e ideología. Que el respeto entre todos los bandos gane las calles y que esta extrapolación que pude hacer llegue a ser inimaginable.