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Si bien es cierto que los refugiados de las zonas atacadas el 7 de octubre recibieron y reciben ayuda del Estado de Israel, la vedad es que salvo por las noticias que pueda ver al respecto, la mayoría nos centramos en los secuestrados y los soldados. Y esta bien, es normal. Creo, puedo estar equivocada, que para tenerlos en cuenta al mismo nivel quizá debimos haber pasado por lo mismo o algo similar. Es mi caso y el de mi núcleo familiar. Cuando fue la guerra del 2006 fuimos parte del 75% de la población de Nahariya que se refugió en ciudades más seguras. Por supuesto que no equiparo, este caso actual es peor. Porque nosotros nos refugiamos por causa de los misiles, en el caso de los refugiados actuales es por lo mismo más el ataque directo de terroristas. Me los imagino a muchos de ellos todavía con el miedo en la piel, tratando de mostrarse fuertes por sus seres amados.
Refugiarse no se parece en nada a irse de vacaciones, aunque estés ese tiempo sin trabajar, tengas disponible un lugar de recreación y te distraigan con shows musicales cada día. La verdad es que se vive con mucha incertidumbre, con angustia, con temor por los que se quedaron… Es no saber qué te vas a encontrar cuando vuelvas, qué pasará con tu trabajo, con tu futuro sustento, con una preocupación constante sumado al dolor de lo vivido y la tristeza que todo Israel está sintiendo en este momento.
Ellos son uno de los motivos por los cuales sufro cuando veo que en las redes sociales suben aún videos o cuentan parte de lo que pasó con el ataque injustificado de los de Hamás. Porque es obligarlos a revivir una y otra vez lo mismo. Puede ser que algunos entren a las redes sociales para distraerse con cosas que no tienen nada que ver, e inevitablemente se encuentran con lo que no buscan y les renueva el dolor. No se trata de aislarse de la realidad, ellos mismos deben querer saber qué está pasando, sobre todo por la ilusión de poder volver a sus hogares. Pero una cosa es estar informado y otra es revivir el sufrimiento una y otra vez. Por ejemplo: Instagram chorrea sangre. Sé que suena duro lo que digo, pero es la verdad. Es una red social que como fotógrafa me encantaba entrar, sin embargo ahora todo es el dolor de la guerra e incluso ataques a judíos en distintos países. Nadie necesita eso. Saber que existen es algo muy diferente a verlo ocurrir. Si me pasa a mí, que estoy lejos de la zona que fue invadida, me imagino a aquellos que lo vivieron en carne propia. Es un sentimiento de acorralamiento, de no dejarnos otra salida, de no encontrar modo de despejarse al menos un rato.
Creo que para salir adelante llegó el momento de compartir cosas positivas, mensajes de aliento, de unidad, de apoyo, de ayuda… De amor. Me gustaría poder hacer llegar mi mensaje a cada uno de ellos, decirles que no están solos. Sé que ahora extrañan muchas cosas, que se dieron cuenta que se llevaron mucho menos de lo que iban a necesitar y que les da miedo gastar de las ayudas que reciben para sus necesidades. Es normal que se sientan así, no son fantasmas, son sentimientos reales y válidos. Quizá llegó el tiempo de aprender a pedir ayuda y recibirla. Conmigo cuentan en la medida de mis posibilidades y sé que no estoy sola en eso. Sepan que esta situación no es eterna, que aunque ahora dé esa sensación tendrá un fin y que poco a poco podrán retomar sus vidas. Es tiempo de dejarse amar, y todo Israel los ama.

Foto sin editar tomada con el celular en un supermercado árabe de Nahariya. En todos los carteles que indican productos israelíes, hay una calcomanía que podemos traducir como «juntos somos fuertes».




