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FILOIDEAS

~ Mis opiniones, ideas y cuentos escritos en Israel

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Archivos de etiqueta: familias

Mi sobrino menor sobrevivió a ese ataque

31 miércoles Ene 2024

Posted by cindyisrael in Notas

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7 de octubre, amor, apoyo, atacados, ataque sorpresa, bases, Beersheva, familia, familias, festival, guerra, hospital Soroca, injusticia, Israel, jóvenes, justicia, kibutzim, sábado, señalamiento, secuestrados, shabat, sobrevivientes, soldados, tanques, terrorismo, terroristas, verdad

Contexto: aunque lo que voy a contar lo sabe la mayoría de la gente, es necesario que vuelva a ello para tener un punto de partida adecuado para lo que realmente quiero contarles en esta nota. No es fácil para mí, es algo que tengo guardado desde hace ya casi cuatro meses y que no podía contar por diversos motivos que ahora no vienen al caso. El 07 de octubre del 2023 era sábado, día de descanso en el calendario judío y en Israel. Además era la fiesta de Simjah Torah, una festividad en la que se celebra el fin de la lectura anual de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento y que viene después de la fiesta de Sucot (fiesta de las cabañas o de los tabernáculos). Por ese motivo había un festival de música por la paz en el sur de Israel al que asistieron muchísimos jóvenes y la mayoría de las familias, temprano por la mañana, dormían. Esos jóvenes y las casas de lo kibutzim próximos a Gaza fueron atacados por sorpresa. No voy a detallar acá las cruentas barbaridades cometidas por los terroristas. Montones de videos y relatos fueron distribuidos por las redes sociales y los diversos medios de comunicación. Quienes deseen más detalles hay muchos sitios que consultar.

Tras el terrible ataque, mucha gente se preguntaba con enojo por qué los soldados no fueron a ayudarlos. Sobrevivientes y gente dolida que se había enterado de lo ocurrido acusaba a nuestros soldados de no haber acudido a la llamada de auxilio a tiempo y haber tardado horas. Yo leía y escuchaba esos reclamos con horror porque ya tenía algo de información y por seguridad, por no estar autorizada por la persona de la cual contaré a continuación y mi ánimo de protegerlo me callaba y no conté lo que sabía. Lo peor es que ninguna de esas personas obtuvo respuestas a sus preguntas. Hoy intentaré responderles.

Mientras los jóvenes del festival y los residentes de los kibutzim eran bestialmente atacados, también lo fueron nuestros soldados en sus bases. Estuvieron muchas horas batallando, hasta la noche. No podían acudir a ayudar a otros porque estaban tratando de evitar que los secuestraran y/o asesinaran, algo que lamentablemente algunos no pudieron lograr. Tengo que dar las gracias que mi sobrino menor sobrevivió a ese ataque. Él estaba en ese momento haciendo el servicio militar obligatorio en el sur en la sección de tanques. Mi hermana, su madre, me contó que dentro del tanque él (que en unos días cumplirá 20 años) y sus compañeros decían que sabían que iban a morir pero que lucharían hasta el final. Que diga eso alguien tan joven me rompe el corazón. Y ellos estaban en su base tranquilamente, no estaban en medio de ninguna guerra. No quiero entrar en detalles terribles, ojalá algún día pueda hacerle una entrevista, subirla al blog y que ustedes se enteren de manera directa. Pero lo que sé lo sé mayormente a través de mi hermana y no quiero terminar deformando la información como suele ocurrir en el teléfono roto. Lo que sí puedo contarles es que a medida que iba escuchando su relato, en mi mente se venían imágenes como las de esas películas en las que el muchachito es atacado desde distintos ángulos por distintas personas y de distintas maneras y no sólo sale ileso sino que además logra vencer a algunos de sus enemigos. Entonces pensamos: es imposible, no pueden esperar que nos creamos eso. Bueno, dolorosamente, la realidad superó a la ficción. Me imaginaba a mi sobrino como un joven Rambo.

Para mí lo más importante es que entiendan que nuestros jóvenes, lejos de ser indolentes, son héroes que en momentos tan duros les tocó luchar por sus vidas. Doy gracias a Elohim de que no hayan podido secuestrarlo y que esté vivo. Porque dolorosamente no es lo único que tuvo que enfrentar. Él estaba conduciendo un tanque que fue atacado con un misil antitanque y se incendió. Uno de los soldados que estaba allí falleció, y de los sobrevivientes él fue quien menos peor la pasó. No hablaré de sus compañeros, porque no tengo la autorización de ellos ni de sus familias y no sé si quieren que se difunda su estado. Mi sobrino resultó con problemas respiratorios. Estuvo unos días en terapia intensiva, e incluso cuando lo pasaron a una habitación común seguía con oxígeno. Hoy por hoy está bastante mejor, ya en su casa pero siguiendo con el tratamiento de manera ambulatoria.

Angustia leer o escuchar ciertos comentarios injustos cuando se sabe la verdad. Pero también aprendemos mucho de estas situaciones. Porque ahora tendré más cuidado yo misma cuando opine sobre ciertas cosas sin tener todas las respuestas a mano, para no caer en esa misma injusticia. Nuestros soldados son jóvenes que están arriesgando sus vidas por defendernos, lo que menos necesitan es que encima los señalemos y los juzguemos. Lo que ahora hace falta es que estemos unidos, los apoyemos, seamos fuertes para ellos y les brindemos todo nuestro amor.

Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer públicamente al personal médico del hospital Soroca de la ciudad de Beersheba que se ocupó de mi sobrino de manera tan amorosa y eficiente, así como lo hacen con todos los soldados que llegan a sus manos y a las organizaciones tanto civiles como del ejército de Israel que estuvieron presentes con comida, cartitas y mucho amor. A ellos les hace muy bien recibir el reconocimiento de todos nosotros, saber que no arriesgan sus vidas en vano.

Y mientras tanto, no perdamos la esperanza de que nuestros secuestrados vuelvan pronto a casa.

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Tras la masacre

28 sábado Oct 2023

Posted by cindyisrael in Notas

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07-10, am Israel jai, angustia, antisemitismo, antisionismo, asombro, ataques terroristas, decapitados, declaraciones, dolor, Elohim, enojo, esperanza, estrés, estupor, familiares, familias, Franja de Gaza, furia, Gaza, gente, gobernantes, guerra, Hamás, Hizbollá, impotencia, incertidumbre., incredulidad, Israel, llanto, llorar, masacrados, miedo, rehenes, sentimientos, soldados, sorpresa, terrorismo, terroristas, torturados, víctimas, violaciones, violadas

El 15 de julio del 2018 escribí una nota titulada «La moda revival del antisemitismo». Hacia el final de la misma expresaba que ya no escribiría más acerca del antisemitismo y el antisionismo porque no tengo nada nuevo, nada que no haya dicho ya para aportar al respecto. Aunque para mí es claro que eso incluye al tema de Israel y el mundo con el terrorismo, ahora entiendo que quizá no quedó tan notorio para los lectores.

La situación en esta ocasión es muy diferente, aunque los protagonistas sean los mismos. Por lo cual desde el principio sentí la necesidad de escribir sobre este drama, dolorosamente muy real. No pude. El dolor y la angustia me lo impedían. Recién 12 días después pude escribir la primera, la titulé «El odio»; con el ánimo de tratar de explicar lo inexplicable para la mayoría de las personas que nos sabemos incapaces de tales actos de crueldad. Un par de días después me expresé a través de mi nota «Entre el pasado y el presente» relacionada con la liberación de dos rehenes norteamericanas que generó muchas inquietudes y errores de apreciación según mi opinión. Pero hasta hoy evité entrar en el terreno pantanoso de mis propias emociones, tal vez como una forma de resguardarme a mí misma.

Tuve una noche muy inquieta por varios motivos. Uno de ellos era porque no sabía cómo encarar esta nota que no sé por qué sentía que «debía» escribir. No soy alguien a quien le cueste hablar de sus sentimientos, el problema que se me presentó era que: o tengo que dar información que no quiero compartir por razones de seguridad o lo encaro de un modo muy genérico. Finalmente decidí sentarme y escribir dejándome fluir, siendo prudente, a ver qué sale. El objetivo es tratar de que los opinólogos de turno entiendan, aunque esos dudo mucho que me lean.

La mañana del sábado 7 de octubre amanecí como todos con una noticia que en principio generaba incredulidad y estupor que enseguida dio paso al mayor dolor y preocupación por nuestros seres amados que por un motivo u otro estaban y/o están en la zona del más terrible ataque terrorista del que Israel tenga memoria. Las emociones en una situación así se mezclan, se entrelazan y eso las intensifica. Desde entonces y por varios días no podía parar de llorar, cada noticia sobre lo sucedido agregaba más intensidad al dolor provocando más llanto.

Con la mejor de las intenciones, muchos medios y organizaciones de apoyo a Israel reprodujeron en noticieros y redes sociales las imágenes que los propios perpetradores de semejante crueldad filmaron. Entiendo el sentimiento de impotencia que todo esto produce, porque es el mismo que yo también siento y, que con el ánimo de ayudar, hayan creído necesario mostrar esas imágenes para que el mundo deje de darnos la espalda y entienda por fin. Pero es que, además de que quieres nos odian nos seguirán odiando y encontrarán » justificación» a la barbarie, están causando más dolor a los que vivimos acá que es lo que esas bestias pretendían cuando realizaron esas grabaciones. Y no soy capaz de imaginar lo que deben sentir los familiares de las víctimas y los sobrevivientes. Deben sufrir al verlas una terrible tortura para ellos. Me cansé de pedir que dejen de hacerlo, pero no hay caso. Es como nadar contra la corriente. Sin querer y creyendo hacer lo contrario, terminan siendo un brazo más de Hamás cumpliendo así con uno de sus crueles objetivos ¿O acaso creen que grabaron todo eso para documentar la barbarie y que sea más fácil juzgarlos y condenarlos?

Les hablé ya de uno de los sentimientos que me embarga, la impotencia. Querer ayudar en esta coyuntura y no saber cómo. Sentir que simplemente difundir la información es insuficiente. Encima una de las cosas que siempre me ayudó a sentir que hacía algo, escribir en mi blog, no estaba pudiendo hacerlo. Ese sentimiento suele venir acompañado de inquietud e incertidumbre.

En síntesis, si tuviera que resumir mis sentimientos en medio de todo esto sería una terrible ensalada de: incredulidad, estupor, miedo, dolor, angustia, impotencia e incertidumbre. Todo casi al mismo tiempo.

Hay algo más. Poco después de la reacción de Israel, Hizbollah también empezó a atacar. Ellos están en el Líbano del cual nos separan sólo 14 km. Cuando atacan, Israel responde y nosotros escuchamos esa respuesta. A veces son bums aislados, otras una seguidilla. Cada una de esas explosiones las siento físicamente y me causan mucho estrés llevándome hasta el llanto.

Mi intención no es ponerme en el papel de víctima, no lo soy. Víctimas fueron los masacrados, decapitados, torturados y las mujeres y niñas violadas del 7 de octubre junto con los rehenes y sus familias. Sólo que me gustaría que la gente que habla a «1000 km de la bomba que cayó»* entiendan sobre qué están hablando.

También hay que agregar a todo esto el enojo y la furia que causa leer ciertas declaraciones tanto de gobernantes del mundo como de gente común cuyo odio los ciega y los hace decir barbaridades.

Quizá esta sea una de las notas más largas que escribí y aún me queda un sentimiento más: la esperanza de que, con la ayuda de Elohim, nuestros rehenes y nuestros soldados vuelvan pronto a casa sanos y salvos junto con el pronto término de esta guerra llegando también el final del grupo terrorista Hamás. Am Israel Jai.

*Síntesis de algunos de los versos de «Canción en harapos» de Silvio Rodríguez.

©Todos los derechos reservados

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