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Cuando alguien odia necesita exteriorizarlo de alguna manera. Supongo que se debe sentir como si quemara por dentro y al expresarlo se sentirá como si parte de esa quemazón se aliviara. Suele hacerse a través de miradas, gestos, imágenes y palabras. El problema es cuando eso no basta. El odio contamina al ser humano de tal manera que si no se hace algo para erradicarlo del alma, crece y se expande hasta tomar por completo al ser humano. Entonces ya no son suficientes las expresiones antes mencionadas. Nada es bastante para encontrar alivio. Y por lo tanto llegan a superar límites insospechados, como los que traspasó el grupo terrorista Hamás el 07-10-2023. Luego de eso leí y escuché a gente decir: «no entiendo cómo alguien puede llegar a hacer algo así». Hay quienes en esa incomprensión trataron de encontrar explicaciones y a menos que seas capaz de semejante caudal de odio por supuesto que no lo entendés (ni lo entenderás). Nadie que no tenga esa corrupción del alma puede entenderlo.

La maldad existe. El sábado de la barbarie si alguien tenía alguna duda creo que logró despejarla. Esa maldad sumió en un profundo dolor a todo un país llegando incluso a traspasar fronteras.

Es la misma maldad, consecuencia de un odio total que amenaza al mundo occidental llegando también a atacar sin previo aviso, como en Túnez.

Buscar explicación a algo que somos capaces de entender es normal, buscar justificación es complicidad.

Lo que queda esperar por nuestra parte es que los heridos se recuperen, que los rehenes vuelvan a casa sanos y salvos, que los familiares de las víctimas reciban consuelo, que se pueda vencer al terrorismo y que no haya más soldados caídos. Por el lado de los gazatíes: que la población logre evacuar la zona cuando se les avisa, que les llegue la ayuda humanitaria y que logren liberarse del tiránico gobierno de Hamás.

No quiero venganza, quiero justicia y que mi pueblo no sea contagiado por el odio, porque ya vimos lo que pasa. El odio destruye, mientras Israel ha demostrado desde su creación ser una nación que construye.

Am Israel jai. El pueblo de Israel vive.

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