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FILOIDEAS

~ Mis opiniones, ideas y cuentos escritos en Israel

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Archivos de etiqueta: playa

SOÑAR DESPIERTA

26 jueves Ene 2017

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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Etiquetas

abandono, agua, ala, avión, burro, caballo, campo, Ciudad, deshabitada, embajada, español, familia, gallinas, huevos, idioma, leche, mar, nieve, onírico, ovejas, país, patos, playa, presidente, soñar, sueño, vaca, vecinos, volar, zanahoria

Supongo que no soy la única a la que le pasa, en mí es normal, despertarse y seguir el sueño ya despierta. Eso me pasa cuando el sueño es muy interesante, me inquieta o me llama la atención por algún motivo. Pero esta mañana fue distinto. Luego de apagar el despertador, cuando me quité el cobertor de encima, conforme a lo que estaba soñando, en lugar de poner los pies en el suelo salí volando por la ventana cual ave. No fue algo que pude controlar ni decidir. Simplemente ocurrió. No tuve tiempo ni de cambiarme, ni de abrigarme, ni siquiera de ponerme algo en los pies.

     Lo peor de todo, más allá de la incredulidad de estar viviendo semejante situación, es que sufro de vértigo. Así que no es difícil de imaginar cómo me sentía a una altura superior a la de los árboles, sin tener control de la situación, con mareos y náuseas. Esto de volar para mí no tenía nada de poético ni deseable. Jamás viajé en avión justamente por mi miedo a las alturas, nunca subí a un mirador ni escalé montañas. Y heme aquí, nada menos que a mí, volando.

     Pero lo que estaba viviendo no era sino el comienzo de las sorpresas del día. A la par que sentía frío en los pies, visualicé un paisaje muy extraño. Juntos era posible ver: un paraje nevado, al lado de una playa con un mar muy similar al Mediterráneo y un bosque de arrayanes. Pensé que era un buen lugar para aterrizar, sobre todo en la playa. Aunque supuse que dado que estaba al lado de la nieve, el mar estaría sumamente frío. En esas lucubraciones estaba, cuando una fuerza desconocida me impelía hacia el mar con suavidad y delicadeza. Contrario a lo que yo pensaba la temperatura del agua era cálida y con el frío que habían sufrido mis pies, no me daban ganas de salir, aunque sí de recostarme. Empecé a entender como funcionaba todo esto, bastaban mis deseos para cambiar lo que vivía. De repente, la misma fuerza que me había hecho aterrizar, con el mismo cuidado, me empujaba hacia atrás, hasta quedar flotando boca arriba. El sol junto con el mar me proporcionaba el calor buscado. Daban ganas de quedarse ahí para siempre, aunque mi curiosidad era más fuerte y bastó sentirla para moverme hasta la orilla, incorporarme y empezar a caminar sobre la arena. Yo no elegí la dirección, simplemente me dejaba llevar. Pasando por el paisaje nevado llegué a una pequeña ciudad desierta. Todo era moderno, y a la vez estaba abandonado. A pesar de estar ya sintiendo hambre y sed, no me detuve ni un momento, mi intriga era mayor y, sin poder evitarlo, seguí andando. Lo siguiente, para mí era más esperable que todo lo demás, fue llegar al campo. Allí los animales estaban solos. Se abastecían a si mismos. La vaca se ordeñaba sola. Las ovejas se trasquilaban unas a otras. El buey tiraba sólo del carro, las gallinas recogían ellas mismas los huevos y los patos ayudaban con el sembradío ¿Qué habría pasado con los campesinos? Mientras lo pensaba y seguía caminando sin detenerme, un caballo me trajo una zanahoria y un burro un balde con agua fresca. Todo lo consumí sin pararme un instante y dándoles las gracias.

     Pero se ve que no todo estaba supeditado a mis deseos, porque muy a mi pesar y suspirando con desesperación, volví a elevarme muy alto y a volar. En ningún momento retrocedí. Yo pensé que eso significaría que estaría volviendo a casa y me sentí ilusionada. Mas no, en absoluto era la intención de aquello que me manejaba cual títere a su antojo. Para empeorar mi malestar, aumentó mi velocidad. Ésto, más que la continuación de un sueño, se estaba volviendo una verdadera pesadilla. Para mi asombro y sin poder remediarlo, me quedé dormida mientras volaba…

     Cuando desperté, estaba recostada en el ala de un avión. Todos los pasajeros me miraban con incredulidad, si yo misma no entendía, menos ellos ¿cómo había llegado hasta ahí? Note que el avión descendía y aunque en medio de todo eso pareciera aún más extraño, yo pensaba que no tenía cinturón de seguridad que ponerme. Cuando aterrizamos el alboroto fue mayúsculo. Un montón de gente me rodeaba hablándome en un idioma que no entendía. Yo sólo atinaba a llorar con desesperación. Me llevaron a una oficina y alguien me alcanzó un té, unas galletitas y me hicieron gestos de esperar. No fue mucho lo que aguardé mientras me alimentaba. De repente, por la puerta, entró alguien que hablaba y entendía español. El alivio fue tan grande que empecé a llorar otra vez, con ese llanto que sale cuando una descarga tensiones. Me dijo que me tranquilizara, que nadie me acusaba de nada. Que los propios pasajeron comentaban asombrados como había llegado volando hasta el avión. Pobrecita, debía estar muy cansada y por eso me recosté en el ala. Lo único que todos querían saber, era cómo había logrado volar y por qué mi peso no había desnivelado el avión. Empecé a llorar de nuevo, ahora de impotencia, porque no tenía la explicación que me solicitaban y que a mí también me hubiera gustado tener.

     Llamaron a mi embajada, escucharon toda mi explicación sin sentido y, como si aún pudieran haber más sorpresas, lo increíble es que me creyeron. Me consiguieron la habitación de un hotel para descansar y al día siguiente me subieron a un avión rumbo a mi país. Cuando llegué, la prensa a pleno me estaba esperando y un coche presidencial me invitó a subir. El presidente mismo estaba adentro y me agradeció, porque debido a mi aventura, mi país que siempre había sido el último orejón del tarro, era ahora mundialmente famoso y todos querían empezar relaciones comerciales con nosotros. Me dejó en la puerta de mi casa, donde mi familia y los vecinos me estaban esperando, emocionados y preocupados por mí a la vez. Pero entendieron mi cansancio y, acompañándome porque ya estaba muy mareada, me llevaron hasta mi habitación donde volví a dormirme. Pero lo que soñé esta vez, ya no lo recuerdo.

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-Barcelona onírica. Tomada por mí en Barcelona, España en el 2012. © Todos los derechos reservados.-

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CRÓNICA DE UNA EMIGRACIÓN NO ANUNCIADA (7)

12 domingo Jun 2016

Posted by cindyisrael in Vivencias

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Etiquetas

ascensor, autobús, balcón, centro, Ciudad, costa, departamento, Israel, Jedera, playa, rusos, tren, viajes

-CAPÍTULO 7-

JEDERA, LA CIUDAD RUSA

     Cuando decidimos mudarnos del kibutz* a una ciudad, barajamos varias opciones. Lo principal en ese momento para nosotros era acercarnos al centro del país, donde habría más posibilidades de conseguir trabajo. La ciudad elegida fue Jedera, ubicada en el centro del país pero considerada parte del norte. Además de elegirla por su ubicación, nos ayudó a decidirnos el hecho de que mi tía vivía allí y parecía enamorada de la ciudad. Hoy por hoy mi tía sigue ahí, esta adaptada a ella y creo que la sigue amando. Para nosotros no fue igual.

     Cualquiera que lee el título de este capítulo, puede aducir que rusos hay en todas las ciudades y que en general suelen ser mayoría. Sin embargo como en Jedera no he llegado a ver. Apenas llegados a la ciudad, nos cruzamos con gente en la calle que nos preguntaba la hora o la calle directamente en ruso. Con mi marido comentamos que quizá nos habíamos equivocado y sin darnos cuenta ya no estábamos en Israel, sino en Rusia. Los negocios del centro tenían en su mayoría carteles sólo en ruso, ni siquiera traducidos al hebreo.

     Luego de haber vivido en el kibutz, un lugar donde a menos que tuvieras auto propio era difícil entrar y salir con libertad, Jedera nos parecía el paraíso. Acostumbrados a caminar, que tuviera que andar varias cuadras para comprar una leche no me representaba un gran problema. La zona era hermosa, el departamento al que nos mudamos era nuevo y estaba en muy buenas condiciones, tenía ascensor y balcón.

     Mis hijos se hicieron amigos de nenes vecinos casi enseguida y bajaban a jugar sin miedo. El mayor inconveniente que tuve al poco tiempo de haber llegado fue el jardín de infantes de mi hijo menor. Acostumbrada al kibutz, donde mi hijo iba y volvía solo al jardín, tener que tomar un autobús para llevarlo me complicaba un poco, aunque no era nada muy grave. En el jardín conocí una abuela argentina que al poco tiempo me contrató para retirar y cuidar a su nieto. Mi marido, ingeniero mecánico, aún no podía conseguir trabajo en su profesión por causa del idioma. Tuvo que trabajar como operario, ocupación que consiguió en alrededor de un mes.

     El pre-escolar de mi hijo menor fue más complejo. No por las maestras, nada tengo que decir de ellas. Si no por la ubicación del jardín de infantes. Por un lado era una ventaja, era más cerca de casa y ya podía llevarlo a pie, pero un gran tramo era camino de tierra y en época de lluvias era casi imposible el paso, por lo cual mi nene terminó faltando bastante, aunque eso no lo perjudicó. La temporada húmeda en Israel es corta. 

     Jedera es una ciudad ubicada a orillas del Mediterráneo y como tal tiene playas, hermosas por cierto. Recomiendo a quienes vayan, si eligen meterse en una especie de piletones que forman las rocas, tengan cuidado. Allí suelen alojarse unos peces minúsculos, difíciles de ver a simple vista, que muerden. He salido con la pierna sangrando un poquito de allí. Llegar a la costa, si no se tiene auto o no se vive muy cerca es otro tema. En la semana hay autobuses, pero los fines de semana no queda otra que tomar un remís de ida y otro de vuelta, lo cual no es nada barato.

     Por aquel entonces, no sé cómo será ahora, el intendente era religioso. Eso significaba que los viernes a la tarde y el sábado, la ciudad no ofrecía más posibilidades que visitarse unos a otros o gastarse plata en ir a la costa. El transporte era otro tema. Tiempo después de haber vivido ahí, mi marido consiguió trabajo en Aco (Acre). Para llegar debía tomarse un autobús frente a casa hasta la estación de tren. Autobuses y trenes no tenían los horarios coordinados. Él llegaba a la estación y al tren lo veía irse. Fue este, en gran parte, el motivo que nos llevó a buscar mudarnos de nuevo. 

     Lo mejor para nuestra vida allí fue la escuela del mayor, porque podía ir caminando solo sin mayores inconvenientes. Estaba a unas cuatro cuadras, pero en un camino sin interrupciones, que no necesitaba cruzar. Además, mientras vivíamos allí, mis suegros se habían mudado a Jedera también y encontraron un muy buen departamento justo enfrente del colegio. Eso me permitía tener libertad para trámites y compras sin miedo a no llegar a tiempo a buscar a mi hijo. También mis hijos iban de visita solos a lo de los abuelos, quienes los esperaban en la esquina y los ayudaban a cruzar la ruta.

     Si tengo que sacar una conclusión de nuestra experiencia de vida allí, debo decir que lo mejor de la ciudad, es mi tía.

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-A pesar de haber sacado muchas fotos de Jedera durante nuestra estadía allá, al no saber dónde han ido a parar, me vi obligada a utilizar una foto más reciente. En el balcón del departamento de mi primo en el año 2011, foto tomada por mi hijo mayor y editada por mí. © Todos los derechos reservados.-

*Kibutz: granja comunitaria hoy más parecido a un barrio cerrado.

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