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Contexto: aunque lo que voy a contar lo sabe la mayoría de la gente, es necesario que vuelva a ello para tener un punto de partida adecuado para lo que realmente quiero contarles en esta nota. No es fácil para mí, es algo que tengo guardado desde hace ya casi cuatro meses y que no podía contar por diversos motivos que ahora no vienen al caso. El 07 de octubre del 2023 era sábado, día de descanso en el calendario judío y en Israel. Además era la fiesta de Simjah Torah, una festividad en la que se celebra el fin de la lectura anual de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento y que viene después de la fiesta de Sucot (fiesta de las cabañas o de los tabernáculos). Por ese motivo había un festival de música por la paz en el sur de Israel al que asistieron muchísimos jóvenes y la mayoría de las familias, temprano por la mañana, dormían. Esos jóvenes y las casas de lo kibutzim próximos a Gaza fueron atacados por sorpresa. No voy a detallar acá las cruentas barbaridades cometidas por los terroristas. Montones de videos y relatos fueron distribuidos por las redes sociales y los diversos medios de comunicación. Quienes deseen más detalles hay muchos sitios que consultar.
Tras el terrible ataque, mucha gente se preguntaba con enojo por qué los soldados no fueron a ayudarlos. Sobrevivientes y gente dolida que se había enterado de lo ocurrido acusaba a nuestros soldados de no haber acudido a la llamada de auxilio a tiempo y haber tardado horas. Yo leía y escuchaba esos reclamos con horror porque ya tenía algo de información y por seguridad, por no estar autorizada por la persona de la cual contaré a continuación y mi ánimo de protegerlo me callaba y no conté lo que sabía. Lo peor es que ninguna de esas personas obtuvo respuestas a sus preguntas. Hoy intentaré responderles.
Mientras los jóvenes del festival y los residentes de los kibutzim eran bestialmente atacados, también lo fueron nuestros soldados en sus bases. Estuvieron muchas horas batallando, hasta la noche. No podían acudir a ayudar a otros porque estaban tratando de evitar que los secuestraran y/o asesinaran, algo que lamentablemente algunos no pudieron lograr. Tengo que dar las gracias que mi sobrino menor sobrevivió a ese ataque. Él estaba en ese momento haciendo el servicio militar obligatorio en el sur en la sección de tanques. Mi hermana, su madre, me contó que dentro del tanque él (que en unos días cumplirá 20 años) y sus compañeros decían que sabían que iban a morir pero que lucharían hasta el final. Que diga eso alguien tan joven me rompe el corazón. Y ellos estaban en su base tranquilamente, no estaban en medio de ninguna guerra. No quiero entrar en detalles terribles, ojalá algún día pueda hacerle una entrevista, subirla al blog y que ustedes se enteren de manera directa. Pero lo que sé lo sé mayormente a través de mi hermana y no quiero terminar deformando la información como suele ocurrir en el teléfono roto. Lo que sí puedo contarles es que a medida que iba escuchando su relato, en mi mente se venían imágenes como las de esas películas en las que el muchachito es atacado desde distintos ángulos por distintas personas y de distintas maneras y no sólo sale ileso sino que además logra vencer a algunos de sus enemigos. Entonces pensamos: es imposible, no pueden esperar que nos creamos eso. Bueno, dolorosamente, la realidad superó a la ficción. Me imaginaba a mi sobrino como un joven Rambo.
Para mí lo más importante es que entiendan que nuestros jóvenes, lejos de ser indolentes, son héroes que en momentos tan duros les tocó luchar por sus vidas. Doy gracias a Elohim de que no hayan podido secuestrarlo y que esté vivo. Porque dolorosamente no es lo único que tuvo que enfrentar. Él estaba conduciendo un tanque que fue atacado con un misil antitanque y se incendió. Uno de los soldados que estaba allí falleció, y de los sobrevivientes él fue quien menos peor la pasó. No hablaré de sus compañeros, porque no tengo la autorización de ellos ni de sus familias y no sé si quieren que se difunda su estado. Mi sobrino resultó con problemas respiratorios. Estuvo unos días en terapia intensiva, e incluso cuando lo pasaron a una habitación común seguía con oxígeno. Hoy por hoy está bastante mejor, ya en su casa pero siguiendo con el tratamiento de manera ambulatoria.
Angustia leer o escuchar ciertos comentarios injustos cuando se sabe la verdad. Pero también aprendemos mucho de estas situaciones. Porque ahora tendré más cuidado yo misma cuando opine sobre ciertas cosas sin tener todas las respuestas a mano, para no caer en esa misma injusticia. Nuestros soldados son jóvenes que están arriesgando sus vidas por defendernos, lo que menos necesitan es que encima los señalemos y los juzguemos. Lo que ahora hace falta es que estemos unidos, los apoyemos, seamos fuertes para ellos y les brindemos todo nuestro amor.
Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer públicamente al personal médico del hospital Soroca de la ciudad de Beersheba que se ocupó de mi sobrino de manera tan amorosa y eficiente, así como lo hacen con todos los soldados que llegan a sus manos y a las organizaciones tanto civiles como del ejército de Israel que estuvieron presentes con comida, cartitas y mucho amor. A ellos les hace muy bien recibir el reconocimiento de todos nosotros, saber que no arriesgan sus vidas en vano.
Y mientras tanto, no perdamos la esperanza de que nuestros secuestrados vuelvan pronto a casa.


