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FILOIDEAS

~ Mis opiniones, ideas y cuentos escritos en Israel

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Archivos de etiqueta: perro

CRONICAS DE UNA EMIGRACIÓN NO ANUNCIADA (1)

04 sábado Jun 2016

Posted by cindyisrael in Vivencias

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Etiquetas

Aco, Ako, Alejandro Lerner, amigos, curso de hebreo, familia, gente, hebreo, Israel, jaula, Nahariya, paseos, perro, recital, tráfic, ulpán

 -CAPÍTULO 1-

 HACIENDO AMIGOS

     La ventaja de venir a Israel en un plan como el nuestro, es la mayor facilidad para conocer gente que optaron por lo mismo y con quienes podremos compartir nuestras experiencias. El hecho de que seamos vecinos y en un kibutz*, facilita el acercamiento.

     Al lado nuestro vivía una familia uruguaya compuesta por dos nenas, un bebé y los padres. Cuando me enteré me alegró pensar que tendría con quien tomar mate, pero estos uruguayos eran la excepción que confirma la regla ¡y no tomaban mate! Aunque la manera de hablar de ellos era muy similar a la nuestra, cada tanto surgían expresiones o palabras que nos causaban gracia: como la vez que la madre de los chicos, sabiendo que su marido y ella se retrasarían, me pidió que le avisara a la hija mayor que tenía la comida pronta en la heladera. Me divirtió la idea de que la comida estuviera apurada. Ellos habían llegado el día anterior y ella estaba dispuesta a probar todos los nuevos sabores que este país le ofrecía. Así que, cada vez que iba al colbo (como un almacén autoservicio donde hay de todo) compraba algo nuevo y bastaba que yo pasara por debajo de su ventana para que me diera a probar. El padre de familia no tardó en alquilar un automóvil, aprovechando que por unos meses podía utilizar el registro que traía de su propio país. Alquilaba una especie de tráfic y varios nos apuntábamos. De esa manera pudimos pasear con amigos y disfrutar mucho, además de conocer algunos lugares cercanos a donde vivíamos. Uno de los paseos que más recuerdo y donde más disfrutamos todos, chicos incluidos, fue a una especie de balneario a orillas del lago Kineret (Mar de la Galiliea), que tenía piletas y toboganes de agua.

     Al lado de los uruguayos y a dos casas de nosotros, vivía un tucumano casado con una mendocina, una niña un año menor que el menor mío y un perro policía. No los conocimos en el kibutz, sino en el aeropuerto. Aunque viajaron en otro avión, llegaron el mismo día y casi a la misma hora. Nos dieron un susto bárbaro por un minuto que luego recordaríamos siempre entre risas. Tenían la jaula con el perro junto al transporte que los llevaría a ellos al kibutz. Nunca entendí por qué si íbamos al mismo lugar no viajamos juntos. Cuando vemos que están por abrir la jaula del perro. Pensamos que estaban locos, semejante tamaño de perro, después de tantas horas de encierro, podía hacer terribles descalabros y comernos vivos a todos. Para nuestra sorpresa, Orión (así se llamaba), salió mansamente de su jaula y no dijo ni mu. Además de que había sido sedado para soportar el viaje, era el perro más tranquilo que vi en mi vida, si lo escuchamos ladrar una vez, creo que fue mucho. La amistad con ellos se hizo estrecha y continuó con los años. Vivimos juntos muchas cosas y algunas divertidas anécdotas que mi marido ya se ocupo de relatar en sus cuentos. El hecho de que cada uno haya ido a vivir a ciudades diferentes nos distanció un poco. Pero el cariño está intacto y cada tanto nos vemos o nos hablamos, aunque el tiempo que representa cada tanto es tristemente cada vez mayor.

     En una de las charlas que dieron en la Sojnut (la agencia judía) para los que íbamos a venirnos, nos presentaron a una pareja de recién casados que viajaría el mismo día que nosotros. No sabíamos que también tenían el mismo destino. Compartimos el viaje en avión, pero no estuvimos juntos en el aeropuerto. Fue una sorpresa encontrarlos en el kibutz. A ella le costó adaptarse, todo lo veía negativo a pesar de que éramos muchos los que tratábamos de ayudarla para que viera las cosas de otra manera, no tardó muchos años en volverse a Argentina. Él vive en Tel Aviv, una vez por año nos visita, suele recordarnos y felicitarnos por nuestro aniversario de israelíes y cada tanto nos hablamos, sobre todo para contarnos las novedades importantes que surgen en nuestras vidas. Fuimos juntos, durante un tiempo al ulpán (curso de hebreo) y alguna de las anécdotas vividas con él también fue escrita por mi esposo.

     Otra pareja de recién casados había llegado varios meses antes que nosotros. Aún no tenían hijos ni ella estaba embarazada cuando nos conocimos, pero les encantaban los chicos. Varias veces ella me hizo el favor de cuidarme los míos, los cuales disfrutaban muchísimo con ellos. Poco a poco él empezó a aprender más sobre religión con los ortodoxos y se fue metiendo más y más con ellos. Hoy día son una familia compuesta por cuatro niños, otro en camino y ellos, ortodoxa. Muy de vez en cuando nos hablamos por teléfono, aunque viven en Aco que está a sólo 10 minutos de Nahariya, nos vemos aún menos. Fuimos una vez a cenar a casa de ellos y sus hijos se encariñaron en seguida con nosotros, son muy dulces, y tienen pendiente una visita a nuestra casa en la que prometimos ponerles todo descartable.

     Ellos llegaron después de unos meses de haberlo hecho nosotros. Una familia compuesta por dos argentinos y dos venezolanitos hermosos. El mayor de sus hijos se hizo enseguida amigo del mayor nuestro. Vivieron doce años en Venezuela antes de venirse. Se adaptaron muy bien en seguida, ella venía con un excelente nivel de idioma y no tardaron casi nada en encontrar ambos un buen trabajo. Sin embargo se volvieron a Argentina, más que nada sentían la necesidad de la familia. Allí también encontraron pronto trabajo y finalmente volvieron a Venezuela. Sigo en contacto con ella a través de Facebook y cada vez que veo la foto de sus hijos me sorprendo al ver lo grandes que están.

     Éramos varias familias, y no nos hicimos amigos de todos, aunque con algunos tuvimos más afinidad que con otros. Hay con quienes nos llevábamos más, pero no profundizamos. Tuvimos sorpresas, como que gente a la que apreciábamos terminaran siendo más amigos de mi hermana y mi cuñado. O encontrarme con alguien con quien me había encariñado muchísimo en el recital de Alejandro Lerner fundiéndonos en un gran abrazo. Hay afectos que se han quedado para siempre en un rincón de nuestro corazón, pero con los que por esas vueltas de la vida, no seguimos el contacto. Para todos ellos y los que no mencioné pero saben que los quiero, un abrazo enorme y todo mi cariño.

CLARITA, ORIÓN Y DANI EN EL KIBUTZ JOKUK.-

-Mi hijo menor con la hija de unos amigos y Orión. © Todos los derechos reservados.-

*Kibutz: granja comunitaria, actualmente funcionan más como barrios privados.

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HOSTILIDAD

14 domingo Dic 2014

Posted by cindyisrael in Cuentos Breves

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Etiquetas

computadora, delegación, dormir, empanada, gata, hostilidad, lavarropas, médico, ojo morado, peces, perro, pie, policía, psicólogo, psiquiatra, rasguño, sonambulismo, sonámbula, sueño, tobillo, uña

Esta mañana mi marido me amenazó con denunciarme a la policía porque dice que lo golpeo, pero eso no es verdad. Todo porque amaneció con un ojo morado y cojea de un pie en el que tiene el tobillo como una empanada. Asegura que mientras dormía lo insultaba y golpeaba sin piedad, pero yo no recuerdo nada ¿Será por eso que amanecí con una uña despegada del dedo y un rasguño en la cara? Trato de hacer un esfuerzo, pero no recuerdo qué soñé anoche. 

No es la primera vez que me ocurre algo así, en una ocasión debieron tirarme un baldazo de agua para despertarme porque me puse a arrojar y romper cosas y antes de eso, salí de casa y comencé a patear tachos de basura. En aquella ocasión me llevaron a la delegación, pero como se dieron cuenta que actuaba sonámbula, me soltaron en seguida con la recomendación de que hablara con mi médico.

Fui a mi médico y me mandó a hacer un estudio del sueño. El problema es que estando dormida me arranqué todos los cablecitos e intenté ahorcar a los peces que tienen en la sala de espera. De ahí me derivaron directo a un psiquiatra.

En el psiquiatra la cosa no fue mejor. Él pensó que la mejor manera de descubrir qué me pasaba era con hipnotismo, pero en cuanto me quedé dormida empecé a dar saltos en el sofá y a subirme a todos los muebles al ritmo de conga. El doctor logró despertarme justo cuando estaba por ingerir unas cápsulas para dormir y me pidió que me retirara de inmediato, no sin antes cobrarme una abultada suma de dinero en la que incluyó todo lo que le destruí.

Volví al médico muy preocupada y me recomendó probar con un tratamiento psicológico. Me aconsejó que no fuera a ningún profesional que utilizara sofá, para evitar el riesgo de quedarme dormida y armar más estropicios. Obedecí, porque en mi situación no estaba para discutir y ya no sabía qué hacer conmigo.

El psicólogo me dijo que podría ayudarme, pero que el tratamiento llevaría un tiempo y que entre tanto debía buscar una solución para evitar actos de violencia y destrucción mientras dormía. En realidad exageraba un poco, porque fuera de lo que conté, sonámbula sólo he llegado a meter la gata en el lavarropas, tirar la computadora recién comprada a la basura y arrojar por la ventana al perro. Tampoco es que fuera siempre tan violenta.

Regresé a casa algo desilusionada, porque yo necesitaba una solución inmediata y nadie parecía tenerla. Así que con mi marido hemos tomado una decisión, hasta que el tratamiento psicológico de resultado, dormiré en una habitación acolchada de un psiquiátrico con camisa de fuerza. Menos mal que al menos me dejaron elegir el modelo que más me gustara.

Acre, Israel. © Todos los derechos reservados.-

14 de diciembre de 2014.

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